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Vamos a esbozar una teoría de la delusión, útil para intervenir muchos de los fenómenos políticos más significativos hacia el porvenir.
Para ser prácticos, la delusión ( asimilable al delirio ) es una idea político – estratégica falsa que se fija profundamente en ciertos sectores sociales.
Sectores sociales que la defienden a ultranza aunque no exista evidencia que la respalde y, por el contrario, se cuente con clara evidencia adversa.
Al no ser una simple ilusión ( o sea, una percepción real mal interpretada ), ni tan solo una alucinación ( alteración de los sentidos que lleva a ver una realidad que no existe ), la delusión es algo más grave : un trastorno en el contenido del pensamiento y la decisión política.
Por supuesto, la delusión causa profundos errores de cálculo en el proceso decisional porque los responsables se empecinan en asumir una situación como cierta riñendo con las pruebas, sobre todo, cuando ellas son tan latentes como manifiestas.
Así, al no modificar sus opiniones y actitudes, el delusor se convierte en un engañador que arrastra a los demás a incurrir en costosas disfunciones que ponen en peligro los intereses nacionales.
Un caso que ilustra bien este trastorno es el que lleva a pensar que las Farc de hoy son tan solo “disidencias”.
Al verlas de ese modo, y no como la continuidad perfecta de un proyecto marxista-leninista basado en el culto a la fuerza y la glorificación de la violencia terrorista, se las percibe como simples grupos de facinerosos que no quisieron comprometerse con unos ( falaces ) acuerdos de paz.
Entonces, se les minimiza, se les tolera como focos inherentes a la democracia temprana y se les concede, intermitentemente, el estatus de interlocutores políticos válidos.
Se les amnistía, se les acoge, se les condona, se les atrae, se les subsume y, por supuesto, con todo ello se les reproduce, se les fortifica y se les perpetúa, tal como está pudiendo verse ( tan solo a modo de ejemplo ) con el crimen de Miguel Uribe Turbay.
Otro caso es el de Eta, en España. Al cumplirse el 20 de octubre 15 años del comunicado sobre el “cese definitivo de su actividad armada”, muchos activistas han celebrado, jubilosamente, la “desaparición total de la banda” y del conflicto violento que supuso.
Absorbiendo sin rubor alguno la coreografía y el montaje del 8 de abril de 2017 ( “desarme unilateral” ) y del 3 de mayo de 2018 ( “disolución final” ), muchos actores estatales y no estatales se niegan a percibir que la violencia independentista sistémica continúa absolutamente intacta.
Muchos atentados siguen sin esclarecerse, la impunidad es la constante y la violencia sociocultural subyacente protagonizada por los herederos del grupo terrorista desde el 2012 han hecho del “voto coactivo” una constante de la democracia vasca.
Como si fuera poco, esta ultraizquierda extremista hace parte de la coalición de gobierno nacional que, liderada por Pedro Sánchez, ha convertido a España en el mejor ejemplo de kakistocracia a escala global, de tal forma que asumir como un hecho “el final del terrorismo en Euskadi” es tan solo una muestra más del grave impacto que puede causar la delusión estratégica.
Y por último, el tercer caso sería el de la “victoria de Hamás contra Israel” en la Franja de Gaza.
Al negarse a reconocer la pulverización de la organización armada, muchos radicales aducen que la banda “ha vencido a Jerusalén en la guerra narrativa” como si los propios palestinos ( tanto en Gaza como en Cisjordania ) no se sintieran, por fin, libres del sometimiento terrorista de Hamás, viendo su futuro con esperanza al tenor de la resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU.
Presas de su delusión estratégica, con la que siguen promoviendo el fanatismo, los auxiliadores globales de Hamás continúan absortos en el espejismo de la victoria contra Israel y ni siquiera saben en qué consiste el Acuerdo de Defensa Conjunta de La Meca.
En resumen, ese formidable pacto que reúne a Arabia, Turquía, Egipto y Paquistán contra Irán y su Eje de la Resistencia ( del que hacen parte Hamás y sus secuaces de Hesbolá, además de los hutíes ), es la mejor prueba de que, en realidad, los árabes están del lado judío y que, tarde o temprano, los que viven en la delusión resultan desenmascarados y frustrados, como auténticos eunucos.
vicentetorrijos.com

