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Ante una política exterior degenerada de cuatro años, se abre paso la regeneración acelerada.
La política exterior del nuevo gobierno es la primera cara de la moneda.
Junto a la seguridad y la defensa, conformarán lo que llamaremos ‘Eje Estratégico Decisivo’ [ ESD ].
El ESD tendrá varias capas : primero, el Escudo de las Américas, con Medellín como propulsor regional.
Segundo, el que titularemos como ‘Cordón Grancolombiano’ Quito – Panamá – Caracas – Bogotá, motor de la Fuerza de Tarea Conjunta del Hemisferio Occidental [ Comando Sur ], que ya reemplaza a la Operación Lanza del Sur.
Tercero, el consorcio de seguridad de alta complejidad marcado por la transición, asimilación y reconstrucción de Venezuela, Cuba y Nicaragua, rescatando las virtudes propias del tratado Esguerra – Bárcenas.
Cuarto, la diplomacia de defensa activa con El Salvador para desplegar todo el potencial del liderazgo colombiano en el Caribe.
Quinto, la funcionalidad diferenciada con los europeos, privilegiando a interlocutores verdaderamente válidos pero, manteniendo, en todo caso, un distanciamiento selectivo con España hasta que Madrid se haya liberado del régimen Sanchista, cómplice del chavismo agonizante en el Caribe.
Sexto, la ruptura, pero, más aún, la reversión y desconocimiento de Palestina como Estado hasta que Hamas se haya desarmado por completo y se garantice el desarrollo pleno de la Resolución 2803 emanada del Consejo de Seguridad de la ONU.
Séptimo, la ruptura de relaciones con el régimen fundamentalista iraní, hasta que disuelva la Red de la Resistencia que lidera, cuyos tentáculos se extienden por América Latina mediante Hizbolá.
Octavo, la máxima normalización perfeccionada de las relaciones con Israel, explorando todas las facetas tecnológicas de última generación.
Noveno, la ruptura radical con la Ruta de la Seda, fijando las relaciones con China en un plano mínimo suficiente.
Y décimo, la intensificación de las relaciones multipropósito con la Corea democrática, no solo para honrar la histórica hermandad militar y elevarla al más alto nivel sino para explorar todos los ángulos que han permanecido bajo anestesia por más de 70 años.
Resulta estimulante ver como, sin haber enviado tropas a la península durante la guerra del 50 al 53, Brasil se ha convertido ya en el mejor socio de Seúl en el área con un intercambio de 11 mil millones de dólares y la promesa de los presidentes Lula y Lee de impulsar todo lo referente a economía digital, inteligencia artificial, semiconductores e industria aeroespacial.
Estimulante, claro, porque en este punto como en los restantes del catálogo, la regenerada política exterior colombiana tiene que llegar a donde nunca antes se llegó.
vicentetorrijos.com

