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Si los elegidos por una súper potencia para integrar una alianza son vinculados a ella en modo trascendente, solo tienen dos opciones : o cooperan, o tarde o temprano se convierten en adversarios de esa súper potencia que los integró al conglomerado.
Y en muchas ocasiones, pueden pasar, de la noche a la mañana, a ser no solo adversarios sino enemigos : los peores enemigos.
Así que cuando la súper potencia, como núcleo de la alianza, entra en guerra, lo mínimo que puede esperar de sus asociados es una cooperación dinámica en la escala de 1 a 5 ; y esa es la lógica racional de la seguridad colectiva.
Esto aplica sin ambages ni tapujos, sobre todo si, a lo largo de la historia, aquella súper potencia ha acudido varias veces en auxilio de sus aglomerados cuando ellos han estado a punto de ser devorados, e incluso después de haber sido engullidos por antagonistas esenciales.
Así que cuando los Estados Unidos se enfrascan en una guerra como la de Irán, lo que menos quieren escuchar es la frase pronunciada por un gobierno como el actual gobierno socialista español -y por otros de similar condición- : « Esa no es nuestra guerra ».
En tal sentido, los aliados porfiados asumen un gran riesgo pues siempre cabe la posibilidad de que, en vez de ser premiados por su deslealtad hacia Washington, los persas terminen atacándolos como auténticos chivos expiatorios, esto es, inmejorables víctimas propiciatorias.
Conscientes de semejante posibilidad, y tras pensárselo tres veces, algunos aliados occidentales, otantistas o no -salvo los socialistas españoles, claro está-, han resuelto tomar partido y sumarse a la Casa Blanca en torno al objetivo específico de liberar al estrecho de Ormuz de la extorsión iraní.
El primero en hacerlo fue el Reino Unido, que a veces tiende a olvidarse de las Malvinas de los 80, y cuya actitud contrasta gravosamente con la conducta de la Argentina actual que, a pesar de la antedicha experiencia en las islas, hoy está incluso dispuesta a enviar tropas al Golfo. ( Un golfo que, por cierto, debería ser rebautizado como ‘Golfo Arábigo’ ).
En cualquier caso, después de Londres se sumaron 21 naciones que bien vale referenciar a manera de ‘Sociedad de los Sensatos’ : Emiratos Árabes Unidos, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Japón, Canadá, Corea, Nueva Zelanda, Dinamarca, Letonia, Eslovenia, Estonia, Noruega, Suecia, Finlandia, República Checa, Rumania, Barein, Lituania y Australia, aunque resulta imperioso reconocer que los países bálticos han estado, desde el comienzo de la guerra, y sin miramientos, del lado de Washington y Jerusalén.
Por supuesto, habrá que valorar sobre la marcha, y ya en el plano estrictamente operacional, si ese compromiso pasa de las palabras a los hechos pues ya se ha visto como, a lo largo del último siglo, y solo para poner un ejemplo, casi la mitad de los franceses cooperaron con los nazis, o con los yihadistas, incluso tras haber padecido matanzas horrorosas.
En pocas palabras, la Tercera Guerra del Golfo no acepta medias tintas, ni pusilanimidad alguna.
Los que ya no tienen a un Hamás para defender, ni a unos ayatolás para exculpar, solo tienen ahora una consigna : cooperar.
Y cooperar es sinónimo de combatir.
vicentetorrijos.com

