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La suerte de Cuba está echada y el encargado de ejecutar la transformación es Marco Rubio.
Rubio goza de la máxima confianza de Donald Trump y su perfil encaja a la perfección como sucesor.
No solo maneja tres cargos de alta sensibilidad sino que su grado de eficiencia supera con creces al de J.D. Vance.
Asimismo, su origen cubano resultaría refrescante para presentar a un partido MAGA comprometido con la diversidad identitaria de los EEUU.
En la práctica, Rubio es el responsable de las diversas mediaciones de Trump ; de la reconfiguración en Medio Oriente ; y del reordenamiento en las Américas.
Precisamente, la Operación Resolución Absoluta ( la captura de Maduro ) es el pilar de ese reordenamiento. Y fue obra de Rubio.
Suramérica ha sido el primer paso. Y todo indica que el segundo ha de ser el Caribe, es decir, Cuba, para terminar en Centroamérica, con Nicaragua.
En vez de esperar a ponerle punto final a la Tercera Guerra del Golfo, Rubio ha dibujado, en paralelo, una ruta múltiple y simultánea que tiene como piedra angular la reconstrucción de Cuba.
Primero, la Isla ha quedado completamente marginada, sin aliados que la oxigenen.
Las izquierdas de América Latina ( empezando por más de una cancillería del vecindario ), que tanto se nutrieron de la visión romántica del guerrillero heroico, ahora la han dejado a la deriva.
Ese desconcertante ejemplo de traición histórico-ideológica se agrava aún más si se tiene en cuenta que la ayuda humanitaria de México y Uruguay no pasa de ser la versión socialista, y en clave regional, del bíblico Epulón.
Para no hablar de Rusia y China, que si desaparecieron del escenario bélico en Mesopotamia, dejando completamente solo a Irán, mucho menos querrán, o podrán, acudir a las Antillas.
Segundo, la Isla está raquítica y famélica, pero, además, hastiada de un régimen autocrático, incompetente y paralizado.
Encontrar un modelo transicional no es fácil, pero tampoco tan difícil como lo sería en Irán. De hecho, la experiencia venezolana es un marco de referencia iluminador que se basa en la gradualidad, la interacción y la rendición de cuentas.
Tercero, Rubio ha sido lo suficientemente ingenioso como para ofrecerle al sanedrín toda la ayuda al desarrollo ( hasta 100 millones de dólares, como cuota inicial ), a cambio de su renuncia, incluyendo en esa transición una jubilación sin mayores traumas judiciales para Raúl Castro.
Cuarto, las capacidades militares de Cuba son bien parvas y las metáforas en defensa de la revolución basadas en la tanatopolítica ( “ ¡ patria, o muerte ! ” ), la hemofilia ( “ ¡ sangre por la patria ! ” ) y el redentorismo ( “ ¡ morir por la patria es vivir ! ” ) solo sirven para recordar lo que significaron esas mismas arengas en boca de Delcy, Diosdado y Padrino.
Y quinto, los recursos naturales valiosos y escasos como aquellos de que goza Venezuela no existen en Cuba.
Por tal razón, las explicaciones geopolíticas basadas en el simplismo de que a los EEUU “solo les interesa apoderarse del petróleo” no aplican.
En resumen, un modelo de estabilidad estratégica hemisférica y de refundación del Estado cubano está en marcha.
Y, por supuesto, serán los propios cubanos quienes decidan su destino.

