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¿ Cómo se las arreglan para sobrevivir aquellos gobiernos sometidos a incontables y progresivos escándalos de corrupción ?
¿ Cómo consiguen mantener su influencia decisiva a pesar de haber sido derrotados y desplazados del poder ?
Para poner solo un ejemplo, porque se dan silvestres, habría que hacer referencia al socialismo español de Pedro Sánchez y luego, por afinidad, completar rompecabezas más próximos y sorprendentes.
En cualquier caso, la explicación reside en una fórmula a la que llamaremos ‘superación por saturación’.
Por analogía, esa conjetura se discute mejor si se recuerdan los primeros bombardeos con misiles balísticos guiados de largo alcance.
En efecto, durante la Segunda Guerra los londinenses se adaptaron con resignación a los V-2 nazis y continuaron con su vida cotidiana a pesar de la frecuencia con que eran atacados.
Básicamente, lo mismo sucede con los gobiernos mega-corruptos.
Al asestar el primer golpe de hondo impacto, los cimientos del gobierno se estremecen, pero si, uno tras otro, esos golpes se repiten, la corrupción se asimila, se normaliza, se estandariza.
Entonces, el gregarismo ideológico de los correligionarios tiende un manto protector sobre su gobierno haciendo de la complicidad el leitmotiv de la administración.
Con tal de no ver frustrada la experiencia de gobernar y tratando de generar una hegemonía política perdurable, los militantes se convierten en guardianes del régimen más allá de cualquier escrúpulo o dilema moral.
Se incurre así en conductas cada vez más dolosas e insidiosas puesto que, ya identificados todos con la defensa del régimen, la exaltación del escándalo pasa a ser el mejor desafío y la arrogancia transgresora de esgrime como coraje y valentía.
Esa burbuja, o cámara de eco de la corrupción, obliga a los perpetradores a ser cada vez más osados, a tal punto que el cinismo se vuelve poca cosa y el populismo ni siquiera es necesario.
Por supuesto, la oposición se pone a prueba y reacciona ante la estructura expansiva pero, saturada por las sucesivas avalanchas, no termina de enfrentarse a un asunto cuando ya se ve anegada por el otro en un circuito inmanejable que la supera y paraliza.
Comenzando siempre de cero en la crítica de cada escándalo, la oposición se desgasta persiguiendo al régimen y pierde iniciativa, replegándose en una tarea tan infructuosa como interminable.
Y lo que es peor aún, si ese gobierno termina siendo derrotado en las urnas ( aunque sea estrechamente ), se recicla y se reinventa mediante gabinetes paralelos o figuras emblemáticas que perpetúan el ‘reto antisistémico’, tal como lo ha demostrado el expresidente socialista José Luis Rodríguez Zapatero.
En resumen, mediante la saturación logran la superación de cualquier dificultad : se refrescan, se afianzan, se entrelazan en una larga cadena de complicidad identitaria.
De tal forma, los regímenes del bandidaje hacen del gansterismo una virtud y de la desvergüenza un arma de destrucción masiva que, en su endogamia, protege al camarada y glorifica al fanático, al extremista y al sectario.
vicentetorrijos.com

