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El accidente del avión C-130H Hércules de la Fuerza Aeroespacial Colombiana (FAC), ocurrido tras despegar de Puerto Leguízamo, en Putumayo, dejó un saldo preliminar de 68 personas fallecidas, 57 heridas, una ilesa y dos desaparecidas, en uno de los episodios más graves recientes en materia de transporte militar en el país. La aeronave, matrícula FAC1016, transportaba 128 uniformados en desarrollo de operaciones en la región, cuando se produjo el siniestro pocos minutos después del despegue.
El avión hacía parte de un grupo de tres aeronaves incorporadas a Colombia entre 2020 y 2021 mediante un programa de cooperación con Estados Unidos, bajo el esquema de Artículos Excedentes de Defensa. Aunque se trató de una transferencia, el proceso implicó costos asociados a adecuación, mantenimiento y modernización. La aeronave había ingresado al país en octubre de 2020 y, tras pasar por mantenimiento profundo en el Comando Aéreo de Transporte Militar, entró en operación hacia 2023.
En medio del debate generado tras la tragedia, el analista y consultor en temas de defensa Erich Saumeth señaló en diálogo con Colmundo Radio que no es correcto calificar este tipo de aeronaves como obsoletas. “Las Fuerzas Militares colombianas no operan chatarras ni aeronaves que pongan en riesgo la vida de las tripulaciones o de la población”, afirmó, al tiempo que destacó que estos equipos cumplen con protocolos estrictos de mantenimiento y actualización. Según explicó, la antigüedad de una aeronave no determina su operatividad, sino las condiciones técnicas en las que se encuentra.
Sobre las posibles causas del accidente, Saumeth indicó que, de manera preliminar, no se evidenciaría una falla de mantenimiento ni la intervención de factores externos. “No parece que haya sido un problema de falta de mantenimiento (…) ni un factor externo el que haya inducido el accidente”, explicó en la misma entrevista. En cambio, planteó que la aeronave habría podido rozar la copa de un árbol durante el despegue, lo que habría derivado en una pérdida de potencia. No obstante, precisó que serán las cajas negras las que determinen con exactitud lo ocurrido.
El análisis también pone el foco en las condiciones operacionales. La pista de Puerto Leguízamo, con una longitud aproximada de 1.200 metros, exige maniobras precisas en relación con el peso y la potencia del avión. En ese contexto, Saumeth mencionó que, aunque estas aeronaves pueden transportar alrededor de 90 personas sentadas, en operaciones militares es posible llevar un número mayor. “Si la tripulación considera que el peso puede dificultar la maniobra, simplemente reduce la carga (…) eso no pasó porque el comandante consideró que podía despegar”, indicó.
Otro elemento que ha surgido en el análisis es la decisión de emplear una sola aeronave para el traslado del personal. “Lo que nosotros tenemos entendido es que en principio se debería haber destinado dos Hércules para sacar este personal”, señaló Saumeth, quien agregó que el costo operativo de estos aviones, cercano a 6.000 dólares por hora de vuelo, podría influir en decisiones logísticas en medio de restricciones presupuestales.
En paralelo al análisis técnico, el accidente ha generado un fuerte cruce político. El presidente Gustavo Petro cuestionó la calidad de los equipos recibidos en administraciones anteriores, mientras que el expresidente Iván Duque defendió la cooperación con Estados Unidos y aseguró que las aeronaves fueron incorporadas bajo estrictos protocolos técnicos y con vida útil proyectada tras su modernización.
Juan Joya




