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9 abril, 2026Según las proyecciones, el fenómeno golpearía más a las regiones Andina, Caribe y Pacífica. ¿Por qué el único plan de contingencia visible es el de Bogotá?
El país se encuentra nuevamente en la mira de un fenómeno climático que, según los pronósticos internacionales, podría ubicarse entre los más intensos de los últimos 140 años. Diversos modelos de predicción coinciden en que el progresivo calentamiento del océano Pacífico durante este año daría lugar a un “súper fenómeno de El Niño”, capaz de provocar temperaturas récord y cuyos efectos se extenderían, en el peor de los escenarios, hasta el año 2027. Las autoridades colombianas ya han encendido las alarmas y emitido una alerta preventiva, mientras los expertos detallan las graves repercusiones para regiones enteras del territorio nacional.
El meteorólogo Christian Euscátegui explicó, en el marco de los recientes análisis climáticos, que la historia reciente del país ya ha registrado dos eventos de gran magnitud. “Los últimos eventos más recientes, El Niño fuerte 2015-2016, que fue bastante fuerte junto con el 97-98. Son los dos eventos niños más fuertes de la historia”, señaló el especialista. Los mapas de anomalías térmicas, basados en datos de agencias científicas internacionales, evidencian un aumento tanto en la distribución como en la intensidad del calor concentrado en los océanos, lo que anticipa una respuesta atmosférica mucho más agresiva de lo habitual.
¿Qué implicaría un fenómeno de esta magnitud para Colombia?
Según Euscátegui, el principal efecto inmediato es una reducción drástica y sostenida de las precipitaciones. “Un mayor calentamiento en la temperatura del océano Pacífico tropical. Adicionalmente, en términos de los efectos para nuestro país es una reducción en las precipitaciones, particularmente en las regiones Andina, Caribe e inclusive Pacífica”, detalló. Durante un evento de El Niño, una franja de agua más cálida de lo normal en el Pacífico ecuatorial altera los patrones climáticos globales, pero en un “súper niño” la temperatura del agua puede superar en más de dos grados centígrados el promedio histórico, intensificando sequías, olas de calor y, paradójicamente, generando inundaciones en otras latitudes.
Frente a este panorama, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) y el Ministerio de Ambiente ya emitieron el mes pasado una alerta preventiva ante el posible desarrollo del fenómeno en el segundo semestre del año. El comunicado oficial señala que “según el promedio de los modelos climáticos, las anomalías de temperatura en la región Niño-3.4 podrían ubicarse alrededor de +1 °C hacia finales de 2026, lo que indicaría el desarrollo potencial de un fenómeno de El Niño, cuya magnitud aún continúa bajo observación”. Asimismo, el documento advierte que entre abril y agosto se prevé una ligera reducción de las lluvias frente a los promedios históricos. La entonces ministra de Ambiente (e), Irene Vélez Torres, sostuvo que “aunque todavía no nos corresponde declarar oficialmente un fenómeno de El Niño, lo responsable es informar a la ciudadanía que ya contamos con evidencia científica que confirma un creciente calentamiento del océano Pacífico. Estas señales son una alerta temprana para el país”.
No es algo que deba tomarse a la ligera, pues las proyecciones indican que las regiones más afectadas por la disminución de lluvias serán la Caribe, la Andina y la Pacífica, justo donde se concentra la mayor parte de la población y la actividad económica del país. Los indicadores de océano y atmósfera ya muestran un calentamiento sostenido en el Pacífico ecuatorial, con una probabilidad alta de que el fenómeno se consolide especialmente entre junio y agosto de este año. Las autoridades insisten en que, aunque el evento no ha sido confirmado oficialmente, el calentamiento progresivo obliga a las entidades territoriales a tomar medidas de prevención.
En Bogotá, las autoridades del acueducto ya han comenzado a dimensionar el reto. Germán Montero, gerente del sistema maestro del acueducto de la ciudad, entregó un parte de tranquilidad basado en cifras, pero hizo un llamado contundente al ahorro preventivo. “En este momento tenemos setenta millones más de metros cúbicos en los embalses del sistema Chingaza. Esto es casi un embalse de San Rafael o de La Calera completo, a diferencia de cómo estábamos en el 2024”, afirmó Montero. Actualmente, el sistema Chingaza, junto con los embalses de Chuza y San Rafael, acumula 120 millones de metros cúbicos.
Sin embargo, la pregunta sobre la autonomía frente a una sequía que podría extenderse hasta 2027 es inevitable. Montero explicó que existe un factor geográfico clave que juega a favor de la capital. “Es importante señalar que el fenómeno de El Niño es un fenómeno que afecta el área andina. La Orinoquía, de alguna manera, está un poco desligada del fenómeno de El Niño. Ahorita empezamos nuestra temporada de lluvias fuertes en la Orinoquía, que es donde se ubica el embalse de Chuza, y eso nos garantiza que vamos a ser capaces de soportar esto”, detalló el gerente.
A pesar de lo que sería una ventaja hídrica, el funcionario enfatizó que la cultura del ahorro debe mantenerse: “Tenemos que ser muy responsables. Después de la restricción, la cultura y la responsabilidad de la ciudadanía sobre el ahorro del agua ha sido muy importante, pero sí es necesario seguir con esas acciones de uso responsable en la casa”. Las autoridades reiteran que la prevención temprana es clave para evitar que un “súper niño” se traduzca en una crisis de desabastecimiento.
Juan Joya




