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18 diciembre, 2025El retorno de Efraín “Fincho” Cepeda a la presidencia del Partido Conservador ha desatado una fuerte marejada interna. Gran parte de la bancada de senadores y representantes a la Cámara observa con recelo su nombramiento, señalando un posible escenario en el que Cepeda actúe como “juez y parte” en la carrera por la candidatura presidencial de la colectividad.
Las claves de la inconformidad
La tensión se fundamenta en tres ejes principales que hoy dividen a las “toldas azules”:
Falta de garantías y “autoaval”: el temor generalizado entre los congresistas es que Cepeda utilice la estructura administrativa del partido para favorecer su propia aspiración, bloqueando el camino a otros competidores legítimos.
Conflicto de intereses: es reciente el choque entre la bancada parlamentaria —que apoyó el cambio de fechas para las inscripciones presidenciales— y Cepeda, quien se opuso tajantemente. Esta diferencia marca un precedente de división frente a las reglas de juego.
Riesgo de fractura: dirigentes advierten que, de no haber consenso, el partido llegará debilitado y fragmentado a las elecciones, poniendo en riesgo la relevancia del conservatismo en el escenario nacional.
El reclamo de las bases: ¿renovación o burocracia?
Más allá del Capitolio, las bases conservadoras expresan un creciente malestar. Critican la falta de renovación generacional y cuestionan la coherencia política de Cepeda. Los detractores recuerdan que “Fincho” respaldó la gestión del presidente Gustavo Petro durante los primeros dos años y medio y aseguran que su paso a la independencia fue una respuesta a la pérdida de espacios burocráticos, y no a una convicción ideológica. Según el Secreto de Darcy Quinn en La FM, este viraje habría intensificado las suspicacias internas sobre la neutralidad del actual presidente del partido.
Sombra de investigaciones judiciales
El clima de desconfianza se agrava por los cuestionamientos legales que rodean al senador: su mención en el caso UNGRD y las investigaciones en la Corte Suprema de Justicia por presunto tráfico de influencias y posibles irregularidades en contratos del Invías, asuntos que han debilitado su liderazgo interno.
También, el exsenador Álvaro Ashton mencionó a Cepeda en audiencias ante la JEP sobre presuntas alianzas políticas en la Costa Caribe con estructuras paramilitares; referencias que, aunque están en proceso de verificación judicial, han incrementado la preocupación dentro del conservatismo.
“El partido necesita un árbitro neutral, no un competidor con el silbato en la mano”, “Efraín Cepeda ha sido antipetrista de día y petrista de noche”, afirman fuentes internas que prefieren mantener el anonimato ante el temor de represalias administrativas.
En sectores del partido, incluso, algunos señalan que el “color gris” de Cepeda estaría opacando el azul profundo del conservatismo, alimentando la desconfianza de las bases y el reclamo por una verdadera renovación. El panorama refleja un partido tensionado, con sectores que reclaman transparencia, renovación y unidad para no quedar fuera del escenario presidencial.
Sala Digital Colmundo




