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La economía colombiana creció un 3,6 % entre julio y septiembre de 2025, según reveló el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) este martes 18 de noviembre. El dato, correspondiente al tercer trimestre del año, representa el mejor desempeño desde 2022 y supera ampliamente las proyecciones del mercado, que anticipaban una expansión más moderada. La cifra también marca una aceleración notable frente al segundo trimestre, cuando el crecimiento fue de apenas 0,7 %.
El repunte estuvo impulsado por el dinamismo de sectores clave como el comercio, la industria manufacturera y las actividades agropecuarias. El comercio al por mayor y al por menor creció 5,4 %, reflejando una recuperación del consumo interno y una mayor movilidad. La industria manufacturera aumentó 4,2 %, mientras que el sector agropecuario registró un alza del 3,9 %, favorecido por condiciones climáticas estables y una mayor demanda de alimentos.
Otros sectores también mostraron señales de recuperación. La construcción creció 2,1 %, impulsada principalmente por obras civiles, y las actividades artísticas y de entretenimiento aumentaron 6,3 %, lo que sugiere una reactivación del gasto en servicios culturales y recreativos. En contraste, las actividades financieras y de seguros presentaron una contracción del 0,4 %, afectadas por la desaceleración del crédito y la persistente cautela en el consumo de los hogares.
https://twitter.com/DANE_Colombia/status/1990812631398035875?s=20
Desde el enfoque del gasto, el consumo final de los hogares creció 2,8 %, mientras que la formación bruta de capital fijo —indicador clave de la inversión— aumentó 3,1 %. Las exportaciones de bienes y servicios también repuntaron, con una variación positiva del 4,5 % frente al mismo periodo del año anterior, lo que refleja una mejora en la demanda externa y en la competitividad de algunos sectores productivos. En términos desestacionalizados, el PIB creció 1,1 % frente al segundo trimestre, confirmando una aceleración del ritmo económico.
Con este resultado, el crecimiento acumulado del PIB en 2025 se ubica en 2,9 %. El Gobierno mantiene su proyección de cerrar el año con una expansión cercana al 3 %, apoyado en la recuperación del consumo, el impulso de la inversión pública y el repunte de sectores estratégicos. Sin embargo, sostener o mejorar este ritmo dependerá de factores internos y externos en el último trimestre.
Uno de los principales retos es la persistencia de tasas de interés elevadas, que si bien han dejado de subir, continúan afectando el acceso al crédito para hogares y empresas. Aunque la inflación ha mostrado señales de moderación, el Banco de la República ha optado por mantener una postura cautelosa, lo que limita el margen de maniobra para estimular la demanda interna. La evolución de la política monetaria será fundamental para determinar si el consumo y la inversión privada mantienen su dinamismo.
Otro desafío estructural es la baja productividad en varios sectores de la economía, especialmente en el empleo informal y en actividades de bajo valor agregado. A pesar del crecimiento del PIB, la generación de empleo formal sigue siendo insuficiente, lo que limita la capacidad de los hogares para sostener el consumo en el mediano plazo. Además, la informalidad continúa superando el 55 % en algunas regiones, lo que reduce la base tributaria y dificulta la financiación de políticas públicas.
En el frente externo, la economía colombiana sigue expuesta a la volatilidad de los precios internacionales del petróleo, el café y otros productos básicos. Aunque las exportaciones crecieron en el tercer trimestre, una desaceleración global o una caída en los precios de materias primas podría afectar el ingreso de divisas y el balance comercial. A esto se suma la incertidumbre geopolítica y la fluctuación del dólar, que impactan directamente los costos de importación y la inflación.
Finalmente, el entorno político y la capacidad de ejecución del gasto público serán determinantes. La inversión en infraestructura, educación y transición energética puede actuar como motor de crecimiento, pero requiere una gestión eficiente y consensos institucionales que garanticen continuidad. La confianza empresarial y del consumidor, por su parte, dependerá de la estabilidad normativa y señales claras sobre el rumbo económico del país.
En síntesis, el crecimiento del 3,6 % en el tercer trimestre es una señal positiva, y un alivio frente a la desaceleración del primer semestre. Sin embargo, mantener o superar ese ritmo exigirá enfrentar retos estructurales y coyunturales con políticas coordinadas, estabilidad macroeconómica y una agenda clara de reactivación productiva.
Juan Joya




