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4 noviembre, 2025La hormona cortisol, conocida popularmente como “la hormona del estrés”, cumple funciones vitales en nuestro organismo: ayuda a movilizar energía, regular la presión arterial y responder ante amenazas.Sin embargo, cuando sus niveles permanecen elevados de forma crónica, pueden aparecer alertas tanto físicas como mentales que conviene no ignorar.
Entre los signos que podrían indicar que el cortisol está funcionando fuera de control se encuentran:
- Aumento de grasa abdominal
- Debilidad muscular
- Hipertensión
- Baja densidad ósea
- Alteraciones de la glucosa
- Problemas de piel
- Irritabilidad
- Insomnio
Estos síntomas demuestran que no sólo el estado de ánimo se ve afectado, sino que el cuerpo entero puede entrar en un desequilibrio prolongado.

El modo en que dormimos también puede dar pistas. La médica española, Sara Marín, señala que adoptar posiciones como estar muy encogido en posición fetal, apretar mandíbula o puños durante la noche, dormir boca abajo con tensión en el cuello o cambiar frecuentemente de postura son indicadores de un elevado estrés o cortisol persistente. Además, ese desequilibrio hormonal afecta la profundidad del sueño, con microdespertares y sensación de cansancio al día siguiente.
En cuanto a la piel y el rostro, también se comienza a notar el exceso de cortisol. Según la experta en bienestar Claudia Di Paolo, existe lo que denomina “cortisol cutáneo”: el estrés elevado inhibe la producción de colágeno y elastina, genera inflamación silenciosa, piel con menor hidratación, tono apagado y mayor sensibilidad. De ese modo, la salud de la piel se convierte en un espejo de lo que ocurre en el organismo.
En ese sentido, indicó que para empezar a revertir este estado es clave incorporar hábitos sencillos pero constantes. Entre ellos: dedicar al menos diez minutos al día al autocuidado; una alimentación antiinflamatoria rica en antioxidantes, omega-3 y libre de azúcares refinados; técnicas de respiración y meditación; y garantizar un sueño reparador. También es recomendable crear un entorno adecuado al dormir —como una habitación fresca, sin pantallas, y con alimentos ricos en magnesio en la cena— para favorecer la recuperación natural del organismo.
En conclusión, expertos señalan que la aparición de síntomas físicos, cambios en los hábitos de sueño o el propio estado de la piel pueden estar diciendo que el cuerpo lleva demasiado tiempo en modo “alerta”. Por lo que subrayan la importancia de reconocer esas señales a tiempo y adoptar medidas que favorezcan el retorno a la calma hormonal, la regeneración del cuerpo y la tranquilidad mental.
Dayineth Isabel Molina Velásquez




