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24 septiembre, 2025El precandidato presidencial Gustavo Bolívar volvió a dejar en evidencia la tensión interna que atraviesa el Pacto Histórico. En medio de la incertidumbre jurídica que enfrenta la coalición tras el fallo del CNE, el exsenador se distanció de manera tajante de Daniel Quintero: “No, no lo apoyo por una razón ética y de coherencia”, afirmó, aun cuando reconoció que una encuesta podría ser la única salida para escoger candidato.
La declaración se suma a una cadena de posturas que reflejan el talante intransigente de Bolívar, un estilo político que si bien conecta con sectores de opinión que valoran la coherencia, también ha generado fracturas dentro de la izquierda. “Estamos en un limbo jurídico… Nos dieron una personería envenenada”, dijo al advertir que el Pacto no tiene garantías para realizar una consulta interna.
Choque con Quintero: la ética como línea roja
Bolívar condicionó su participación en un mecanismo de selección. Aunque estaría dispuesto a una encuesta, fue enfático en que no apoyará a Quintero en caso de que resulte vencedor. La razón: el exalcalde de Medellín debe comparecer en noviembre ante la justicia por presuntos hechos de corrupción. “Yo, ¿cómo hago ahora eso? El 21 de noviembre Quintero tiene que sentarse en el banquillo de los acusados en un caso por corrupción de él y de todo su gabinete”, sostuvo.
El argumento ético recuerda su campaña contra Rodolfo Hernández en 2022, cuando también marcó distancia por los procesos judiciales que enfrentaba el exalcalde de Bucaramanga. Sin embargo, el costo político de ese radicalismo es el mismo: un quiebre con otros liderazgos que ven en la unidad del progresismo la única vía para conservar competitividad electoral.
“El tema no es personal. En 2022 yo hice campaña atacando a Rodolfo Hernández por ser investigado por corrupción y Daniel está siendo acusado por corrupción … Prefiero perder mil elecciones a perder mi coherencia, eso sí, nunca lo perderé.”
Un historial de tensiones: de Quintero a María José Pizarro
No es la primera vez que Bolívar confronta a figuras de su propio sector. En julio de 2025, la senadora María José Pizarro lo acusó públicamente de intentar excluirla de la consulta interna al no mencionarla entre los precandidatos del Pacto. “Tiene que responder por esa omisión”, dijo entonces Pizarro, generando un nuevo roce en la coalición.
Incluso en 2023, Bolívar llegó a anunciar una “ruptura política” con la congresista, en lo que fue interpretado como otro pulso por el control de las decisiones internas. Estos antecedentes refuerzan la percepción de que su estilo de confrontación permanente abre grietas en un proyecto político que ya enfrenta dificultades organizativas.
El riesgo de un doble discurso en la izquierda
Bolívar también apuntó a lo que considera un problema estructural del Pacto Histórico: el doble estándar frente a los procesos judiciales. “Cuando la derecha condena a Uribe, decimos ‘Viva la justicia’. Pero cuando es con los nuestros, pedimos esperar hasta el último momento”, recalcó.
Ese discurso, si bien busca blindar la coherencia ética, podría terminar profundizando la división en momentos en que el progresismo enfrenta presiones externas y limitaciones legales para inscribir candidaturas.
Escenarios en disputa
Con el CNE condicionando la personería jurídica, el Pacto discute alternativas como una encuesta, una convención o aplazar la consulta hasta noviembre. Pero el dilema de fondo es político: la dificultad de conciliar liderazgos marcados por personalismos y vetos cruzados.
En ese terreno, la radicalidad de Bolívar emerge como un arma de doble filo: le permite sostener un discurso de transparencia frente a la opinión pública, pero también amenaza con ahondar la crisis y erosionar la unidad de la izquierda, justo cuando más la necesita.




