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20 agosto, 2026La CAR confirmó el registro a unos 3.200 metros de altura y advirtió sobre la presión de la expansión urbana y rural sobre su hábitat.
La presencia de un oso andino y su cría en las montañas de La Calera fue confirmada por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), tras varios meses de seguimiento con cámaras trampa. Los registros se obtuvieron en una zona alta y conservada del municipio, a unos 3.200 metros sobre el nivel del mar.
El monitoreo comenzó el 13 de junio, luego de un reporte realizado por habitantes de la zona. La CAR instaló tres cámaras para verificar la información y establecer cómo la especie utiliza el territorio, sus corredores naturales y las áreas donde encuentra alimento.
La revisión de los equipos, realizada el 31 de julio, permitió identificar al oso de anteojos junto a su cría. Las imágenes muestran que ambos continúan utilizando sectores altos de la montaña, donde la menor presencia humana ofrece condiciones favorables para su permanencia.
Durante el seguimiento, la CAR también encontró una amplia oferta alimenticia para la especie, un indicador de que el ecosistema todavía conserva recursos que permiten sostener la presencia del mamífero en esta zona de la cordillera.
Pero las cámaras también detectaron una situación que genera preocupación: perros transitando ocasionalmente por los mismos corredores naturales del oso. La Corporación continuará vigilando estos puntos para establecer si esta presencia representa una presión adicional sobre la fauna silvestre.
El hallazgo ocurre en medio de reportes de la comunidad sobre presuntos ataques a ganado. La CAR aclaró que, hasta ahora, no existe evidencia técnica que permita relacionar esos hechos con el oso y su cría registrados mediante las cámaras.
Por esa razón, la Corporación mantiene la investigación y trabaja con la familia afectada para determinar el origen del evento. La entidad busca evitar que la presencia de la especie sea asociada sin pruebas con los daños reportados a las actividades productivas.
El caso también expone una tensión que crece en las zonas rurales de La Calera: la expansión de la frontera agrícola y la suburbanización avanzan sobre ecosistemas altoandinos que funcionan como corredores para distintas especies.
Magdala Iregui, directora técnica de Biodiversidad de la CAR, explicó que el registro confirma el valor ecológico de estos espacios, pero también advierte sobre el riesgo de una mayor interacción con las comunidades. “Cuando las actividades humanas avanzan sobre su hábitat natural, aumentan las probabilidades de interacción y de conflictos con las comunidades”, señaló.
La funcionaria insistió en que el crecimiento urbano y rural debe planificarse para conservar la estructura ecológica del territorio. Estos corredores no solo permiten el desplazamiento del oso andino, sino que también contribuyen a proteger el recurso hídrico y otros ecosistemas estratégicos.
La CAR anunció que mantendrá el monitoreo en el sector de La Calera y continuará atendiendo los reportes de fauna silvestre que lleguen desde otros municipios de su jurisdicción.
El seguimiento será clave para determinar cómo se mueve el oso andino, qué tan cerca permanece de las zonas intervenidas y si aumentan los encuentros con actividades humanas. La permanencia de la especie dependerá en buena medida de que sus corredores naturales logren mantenerse conectados y protegidos.
Sala Digital Colmundo
Imagen promediada con IA




