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Barcelona se convirtió esta semana en el epicentro del progresismo mundial. Ocho jefes de Estado y más de tres mil asistentes se dieron cita en la Fira de Barcelona para la Cumbre Global Progresista, convocada por el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, con el objetivo de articular una respuesta coordinada al avance de la ultraderecha en el mundo y, en particular, al gobierno de Donald Trump en Estados Unidos.
Entre los asistentes latinoamericanos estuvieron Gustavo Petro (Colombia), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Claudia Sheinbaum (México) y Yamandú Orsi (Uruguay). El viaje del mandatario colombiano, el número 65 al exterior desde su llegada al poder, ocurre en medio de una controversia por el costo de sus salidas internacionales, que, según una denuncia del representante Julio César Triana, habrían alcanzado los 2,5 millones de dólares (unos 9.000 millones de pesos) hasta 2025, acumulando 276 días por fuera del país.
En su intervención, Petro planteó un dilema que, según él, la humanidad está obligada a resolver. “La humanidad tiene que escoger entre vivir o codiciar”, afirmó. El presidente colombiano argumentó que el modelo energético basado en el petróleo y el carbón está llevando al planeta a la extinción y que la ciencia es tajante al respecto. “La ciencia nos dice hoy tajantemente que eso nos lleva a la muerte como especie humana”, dijo. Y añadió: “¿Quieres tener hijos? ¿Quieres que tus hijos sean más felices que tú? Pues tienes que alejarte del petróleo y el carbón… es alejarse del capital”.
El presidente también dedicó un extenso bloque de su intervención a criticar la política exterior de Estados Unidos y el papel de Donald Trump en el escenario internacional. Petro reveló detalles inéditos de su reunión en la Casa Blanca y describió el entorno que rodea al mandatario estadounidense. “Trump vive rodeado de una serie de burbujas… cada cual con una agenda diferente y compitiendo entre sí”, explicó. Señaló al secretario de Estado, Marco Rubio, como la voz más problemática dentro de ese círculo: “me parece que está imbuido en un fundamentalismo sionista”.
Sobre Venezuela, Petro anunció un movimiento concreto: “El 24 de abril voy a ir a Caracas. Si Mahoma no viene a mí, yo voy a la montaña”. Explicó que había invitado a la líder opositora María Corina Machado a Cartagena, pero que ella no aceptó por temores de seguridad. También reveló parte de su conversación con Trump: “Le dije que esa agresión a Caracas es una herida irreversible… Él se rió un poco y se quedó en silencio”. A pesar de las tensiones, Petro afirmó que con Trump “congeniaban” y destacó su diferenciación entre “hacer negocios” y “hacer tratos”, lo que aprovechó para proponerle “una alianza por la vida”.
Uno de los momentos más personales ocurrió cuando se le preguntó por la situación de su esposa, Verónica Alcocer, quien ha sido objeto de investigaciones en Estados Unidos. Petro vinculó ese episodio con sus críticas al establecimiento político colombiano. “Metieron a mi esposa, metieron a mi hijo… mi esposa tuvo que pasar por una operación muy difícil”, afirmó. Y agregó: “Estoy en separación con ella… es producto de eso que hicieron en Estados Unidos”.
Frente a la pregunta sobre si considera un fracaso su política de “paz total”, Petro no eludió la respuesta: “No es un fracaso personal, es nacional”. Sostuvo que Colombia ha vivido décadas de violencia estructural, con profundas desigualdades. Reconoció que la tasa de homicidios “sigue igual, no ha aumentado, no ha bajado” y vinculó la persistencia de la violencia al narcotráfico y al consumo de cocaína en Europa. “Cuando no nos matemos entre nosotros… o que los europeos no consuman más cocaína o que la legalicen”, planteó.
Finalmente, el presidente admitió errores en la conformación de su gobierno. “No me arrepiento, salvo de nombrar gente que no servía”, dijo. Explicó que lo hizo por “amplitud ideológica” y por la idea de construir gobiernos plurales. “Metí una gente que se decía de centro… y lo primero que hicieron fue traicionarnos”, concluyó, sin dar más detalles.
Juan Joya




