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Hay una escena que cualquier ciudadano reconoce al instante porque la ha vivido decenas de veces. Ocurre, sobre todo, en las horas pico, cuando el trancón no da tregua y la paciencia se acaba. De repente, una moto abandona la calzada, se trepa al andén y empieza a zigzaguear entre los peatones como si estuviera esquivando conos en una pista de prueba. Detrás de ella vienen dos, tres, a veces diez más. Los peatones tienen que hacerse a un lado, pegarse a la pared, frenar en seco. El andén, ese refugio que debería ser el único espacio seguro para caminar, se convierte en una extensión ilegal de la vía. Lo que para algunos motociclistas se ha vuelto un atajo “necesario” es hoy uno de los problemas de seguridad vial más preocupantes y un riesgo constante para miles de ciudadanos.
Esa realidad, que muchos ya veían con resignación, llevó al alcalde mayor de Bogotá, Carlos Fernando Galán, a salir a la calle a ponerle la cara al problema. El mandatario madrugó esta semana hasta el corredor de la avenida Boyacá con avenida Guayacanes, en la localidad de Kennedy, para encabezar personalmente un operativo de control. Lo que encontró fue la confirmación de una práctica sistemática: motociclistas usando los andenes como si fueran carriles habilitados. La escena tuvo momentos de caos: varios conductores, al notar la presencia de los agentes de la Secretaría de Movilidad, aceleraron sobre el andén para huir, poniendo en riesgo incluso a los funcionarios.
Un andén está diseñado para que las personas se desplacen caminando, a un ritmo que oscila entre los 3 y los 5 kilómetros por hora. Mientras tanto, una motocicleta que invade ese espacio suele hacerlo a velocidades de entre 20 y 40 kilómetros por hora, dependiendo del afán del conductor. La diferencia es abismal y convierte cualquier impacto en un riesgo de lesiones graves o incluso fatales. En el caso de niños, adultos mayores o personas con movilidad reducida, el margen de reacción es prácticamente inexistente. En términos simples, invadir el andén es quitarle al peatón su último espacio seguro.
Durante la jornada, el alcalde Galán no se limitó a supervisar desde la distancia. Con su chaqueta roja, se acercó a varios infractores y los confrontó directamente. “¿Por qué hace eso? ¿Cómo evitamos que siga pasando? Está poniendo en riesgo al peatón”, les dijo. El mensaje buscaba romper la normalización de esta conducta y evidenciar el costo humano detrás de lo que muchos ven como un simple atajo.
Las cifras de la Secretaría Distrital de Movilidad confirman que no se trata de un hecho aislado. Con corte al 10 de abril de 2026, se han realizado 680 operativos, impuesto 6.734 comparendos e inmovilizado 2.416 motocicletas. Los puntos más críticos incluyen corredores como la avenida Boyacá, la Autopista Sur, la avenida Ciudad de Cali, la avenida Guayacanes, la avenida Caracas y la carrera 30. Todos comparten alta congestión y una invasión recurrente de los andenes por parte de motociclistas.
¿Qué hay detrás de esta conducta? Las autoridades identifican tres factores principales. La congestión crónica de Bogotá, que empuja a buscar salidas rápidas; la percepción de impunidad, al ver que otros lo hacen sin consecuencias; y la falta de conciencia sobre el daño que se puede causar. Para muchos conductores, el peatón es una figura abstracta, sin dimensión real del riesgo.
Frente a esto, la normativa es clara. Circular por andenes, ciclorrutas o zonas verdes es una infracción grave (C.24), sancionada con una multa cercana a los 650.000 pesos, además de la inmovilización del vehículo y costos adicionales de grúa y patios. En caso de reincidencia, incluso se puede suspender la licencia, y si hay atropellos, las consecuencias pueden escalar a procesos penales y demandas civiles millonarias.
Cambiar esta práctica no depende solo de sanciones. Se requiere una estrategia pedagógica que reposicione el andén como un espacio sagrado para el peatón, la última línea de defensa en medio del caos vial. Las campañas de la Secretaría de Movilidad buscarán justamente eso: hacer visible el riesgo real y generar conciencia sobre las consecuencias de una conducta que hoy parece cotidiana, pero que puede cambiar vidas en segundos.
Juan Joya




