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24 agosto, 2026El grooming en línea se extiende a videojuegos, chats y comunidades digitales, donde los agresores adaptan sus métodos para ganarse la confianza de niños y adolescentes.
El grooming en línea continúa representando un riesgo para niños, niñas y adolescentes en Colombia y otros países, mientras los agresores trasladan sus estrategias a videojuegos multijugador, aplicaciones de mensajería y comunidades virtuales. ESET advierte que las nuevas tecnologías facilitan el contacto y permiten construir identidades falsas cada vez más convincentes.
La captación digital no necesariamente comienza con contenido sexual, amenazas o comportamientos abiertamente sospechosos. El proceso suele iniciar con una relación aparentemente amistosa, en la que el agresor identifica los intereses del menor y utiliza esa información para generar cercanía.
El grooming consiste en un proceso deliberado mediante el cual un adulto establece una relación con un menor, incluso ocultando su verdadera identidad o edad, con el propósito de ganarse su confianza para posteriormente explotarlo o abusar de él.
Videojuegos y chats, nuevos espacios de contacto
Los espacios donde ocurre esta interacción son cada vez más diversos. Un menor puede entrar en contacto con un desconocido mientras juega en línea, participa en una transmisión, conversa en un servidor comunitario o intercambia mensajes sobre un interés común.
La tecnología también amplía el alcance de los agresores. Una misma persona puede contactar simultáneamente a decenas o cientos de menores desde su hogar, aprovechando la rapidez y el carácter permanente de las comunicaciones digitales.
La inteligencia artificial añade nuevas posibilidades para quienes buscan ocultar sus intenciones. Con estas herramientas pueden crear perfiles ficticios, modificar su identidad digital y adaptar su lenguaje y comportamiento a los gustos de sus posibles víctimas.
Pese a estos cambios, la estrategia de fondo sigue siendo similar: aprovechar necesidades propias de la infancia y la adolescencia, como la búsqueda de amistad, atención, comprensión y pertenencia.
Mario Micucci, investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica, explica que Internet eliminó muchas de las barreras que antes limitaban el contacto entre agresores y víctimas. Por eso, considera que la comunicación abierta y el acompañamiento de los adultos siguen siendo las principales herramientas de protección.
Así comienza el proceso de grooming
El acercamiento suele avanzar de manera gradual. Entre las señales que pueden aparecer durante las primeras etapas están:
- Interés inusual por los juegos, pasatiempos o problemas personales del menor.
- Cumplidos, validación constante y apoyo emocional para generar confianza.
- Invitaciones para trasladar las conversaciones de espacios públicos a chats privados.
- Solicitudes para mantener la relación en secreto frente a padres, docentes o amigos.
- Introducción progresiva de temas personales o sexuales.
- Presiones, amenazas o sentimientos de culpa cuando el menor intenta alejarse.
Una de las señales que más atención requiere es el cambio de una conversación pública hacia espacios privados. El secretismo puede convertirse en una herramienta de control cuando el agresor busca aislar al menor de las personas que podrían advertir la situación.
Qué pueden hacer padres y cuidadores
La prevención no consiste en prohibir toda interacción digital ni en asumir que cualquier amistad surgida en Internet representa una amenaza. El acompañamiento debe permitir que los menores identifiquen comportamientos sospechosos y sepan que pueden pedir ayuda.
Mantener conversaciones frecuentes sobre lo que ocurre en Internet puede ser más efectivo que establecer únicamente restricciones. Los controles parentales y las reglas sobre el uso de dispositivos funcionan como apoyo, pero no sustituyen la confianza entre adultos y menores.
También resulta necesario enseñar hábitos de privacidad. No compartir información sensible, revisar la configuración de las cuentas y conocer las plataformas utilizadas reduce las posibilidades de exposición.
Los adultos pueden involucrarse en los espacios digitales que frecuentan los menores, conocer sus videojuegos, aplicaciones y comunidades, y preguntar por sus experiencias sin convertir cada conversación en un interrogatorio.
El entorno digital seguirá incorporando nuevas aplicaciones, herramientas de inteligencia artificial y formas de interacción. La recomendación para las familias apunta, por ello, a desarrollar capacidades que permanezcan vigentes aunque cambien las plataformas: reconocer intentos de manipulación, cuestionar conductas sospechosas y pedir ayuda a tiempo.
El reto para padres, docentes y cuidadores será acompañar esa evolución sin aislar a los menores de la tecnología. La prevención del grooming dependerá cada vez más de combinar educación digital, comunicación y capacidad para detectar cambios en las relaciones que los niños y adolescentes construyen en Internet.




