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27 mayo, 2026La epidemia de ébola que golpea a República Democrática del Congo avanza a una velocidad alarmante y ya supera la capacidad de respuesta internacional, según alertaron autoridades sanitarias globales. El brote, causado por una cepa para la que no existe vacuna ni tratamiento, deja hasta el momento 220 muertos y cerca de 900 contagios confirmados, mientras miles de posibles contactos siguen sin ser rastreados.
De acuerdo con documentos internos analizados por responsables sanitarios y reuniones lideradas por la Organización Mundial de la Salud y los Centros Africanos para el Control y la Prevención de Enfermedades, la respuesta a la emergencia sanitaria presenta retrasos críticos de semanas e incluso meses.
El virus responsable del brote corresponde a la variante Bundibugyo, una cepa especialmente preocupante porque actualmente no existen vacunas ni terapias efectivas disponibles. La enfermedad ya cruzó fronteras y se confirmó su propagación hacia Uganda, donde se reportan al menos siete casos.
Los equipos médicos enfrentan enormes dificultades para identificar y monitorear a las personas expuestas al virus. Según datos de la OMS, hasta la semana pasada apenas se había logrado rastrear el 7 % de las 1.261 personas identificadas como contactos de pacientes sospechosos. Posteriormente, la organización elevó la cifra de posibles contactos a más de 2.000 personas.
“El brote está superando la respuesta”, advirtió el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus. El funcionario alertó además que los ataques contra centros de salud están haciendo “casi imposible” el rastreo de casos y contactos.
La situación es especialmente grave en el este del Congo, donde hospitales y zonas de aislamiento han sido atacados por grupos enfurecidos que retiraron cuerpos de familiares fallecidos sin conocer el alto riesgo de contagio que representan los cadáveres infectados.
Expertos sanitarios señalaron que la violencia, el conflicto armado y la debilidad de la infraestructura médica están dificultando severamente las labores de contención. En la provincia de Ituri, epicentro del brote, las condiciones son especialmente críticas.
“Si tuvieras que elegir un mal lugar para que esto ocurriera, sería Ituri”, afirmó el epidemiólogo sudafricano Salim Abdool Karim, quien aseguró que la enfermedad avanza a una “velocidad vertiginosa”.
En un documento presentado durante una reunión de emergencia, expertos africanos de la OMS advirtieron sobre la gravedad del escenario actual. “No existe ninguna vacuna. No existe ninguna terapia. El virus circuló sin ser detectado durante seis semanas. Se confirma la propagación transfronteriza. Los trabajadores sanitarios están muriendo”, señala el informe.
La crisis también evidencia el impacto de la retirada de Estados Unidos de la OMS y los recortes internacionales en ayuda sanitaria, según reconocieron varios funcionarios y expertos involucrados en la respuesta global.
Distintas fuentes afirmaron que en años anteriores la cooperación estadounidense permitía una reacción más rápida y robusta frente a emergencias epidemiológicas de esta magnitud. “Las organizaciones que habrían podido hacer este trabajo ya no existen”, afirmó un funcionario estadounidense vinculado al seguimiento del brote.
Además de la falta de personal y financiación, las autoridades enfrentan problemas logísticos básicos como escasez de combustible, suministros médicos y pruebas específicas para detectar la cepa Bundibugyo. Esto también habría retrasado la identificación inicial del brote.
El doctor Alan González aseguró que el mundo está regresando a los escenarios más difíciles de las primeras epidemias de ébola. “Volvemos a lo básico de las respuestas al brote de ébola cuando no teníamos los medios para contenerlo como antes de las vacunas y terapias”, afirmó.
A esto se suma el miedo y la desconfianza de muchas comunidades afectadas. Organizaciones humanitarias alertaron que algunas personas evitan reportar síntomas o desaparecen para impedir que las autoridades sanitarias intervengan.
“La gente tiene miedo”, explicó Mamadou Kaba Barry, quien recordó que durante la devastadora epidemia de África Occidental entre 2014 y 2016 muchas familias escondían enfermos por temor a perder los cuerpos de sus seres queridos.
Ese brote histórico dejó más de 28.000 casos y 11.000 muertes. Ahora, expertos internacionales temen que la actual epidemia en Congo pueda convertirse en una de las peores emergencias sanitarias de los últimos años si no se fortalece rápidamente la respuesta mundial.




