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El copresidente de Nicaragua, Daniel Ortega, calificó al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, como un “desquiciado mental” y aseguró que “no está en sus cinco sentidos”, durante un acto oficial conmemorativo del Día Nacional de la Paz celebrado en la Avenida Bolívar de la capital centroamericana. La intervención del gobernante sandinista de 80 años, que se extendió por más de una hora, concentró sus ataques en tres frentes específicos de la política exterior estadounidense: las sanciones económicas, el supuesto “secuestro” de Nicolás Maduro y las amenazas de una “operación militar” contra Cuba.
Rodeado de miembros de la Juventud Sandinista 19 de Julio y flanqueado por los más altos mandos del Estado —entre ellos el jefe del Ejército, Julio César Avilés; la ministra del Interior, María Amelia Coronel; el presidente de la Asamblea Nacional, Gustavo Porras; y los jefes de la Policía Nacional, Francisco Díaz y Victoriano Ruiz—, Ortega dedicó los primeros apartes de su discurso a cuestionar la legitimidad de las sanciones unilaterales. Las declaraciones se dan apenas días después de que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos anunciara nuevas medidas restrictivas contra dos de sus hijos y un alto funcionario, señalados por violaciones a los derechos humanos y redes de negocios irregulares.
“Son sanciones que atentan contra la vida de los ciudadanos, contra la soberanía de los pueblos, contra las leyes internacionales”, declaró Ortega sin mencionar directamente a Trump en varios tramos de su alocución. “Andan espulgando a ver a quién sancionan”, dijo el mandatario, cuestionando la autoridad de Washington. Y añadió, en tono de creciente irritación: “Ya no hallan ni a quién sancionar aquí en Nicaragua, de tanto que han sancionado”.
El punto más álgido de la intervención ocurrió cuando Ortega se refirió a la salud mental y la capacidad de juicio del presidente estadounidense. “Es un problema, diríamos, de desquiciamiento mental… no está en sus cinco sentidos”, afirmó el líder nicaragüense. A renglón seguido, amplió su señalamiento con una advertencia global: “El presidente de una potencia que no está en sus cinco sentidos va a acabar con su pueblo y con la paz y la estabilidad del mundo”.
Para Ortega, las decisiones de Trump en política exterior —como el envío de tropas, bombardeos selectivos y sanciones— no responden a una estrategia racional, sino a decisiones impulsivas y peligrosas. “La guerra impuesta… son propias de alguien que perdió la cabeza”, señaló. Además, criticó la imagen proyectada desde la Casa Blanca: “Ha asesinado porque no ha salvado a nadie”, en referencia a publicaciones en redes sociales.
En su discurso, el copresidente exigió a la administración republicana cambios concretos en cuatro frentes internacionales. Pidió poner fin a las políticas que calificó como “terroristas”, terminar conflictos internacionales, levantar sanciones y devolver a Nicolás Maduro a su país. Ortega calificó este último hecho como un “secuestro” y denunció amenazas militares contra Cuba: “Se siente una potencia tan grande que puede desbaratar cualquier país”.
El mandatario sandinista también sostuvo que en Estados Unidos “no hay democracia”, argumentando que Trump actúa por encima de las instituciones. “Si hay que tirar bombas lo decide el que se ha vuelto experto en tirar bombas”, reprochó. También recordó que la mayoría de países en Naciones Unidas vota contra el bloqueo a Cuba, aunque —según dijo— esto es ignorado por Washington.
Como parte de su ofensiva retórica, el gobernante nicaragüense rescató episodios históricos para advertir sobre la supuesta invencibilidad estadounidense. Recordó la derrota de William Walker en el siglo XIX como símbolo de resistencia nacional frente a intervenciones extranjeras.
El segundo episodio fue la lucha de Augusto C. Sandino contra la ocupación estadounidense entre 1927 y 1933. “Ocho años y no lograron vencer a Sandino”, afirmó, sugiriendo que cualquier presión externa enfrentaría una resistencia similar en la actualidad.
Finalmente, Ortega exigió el pago de una indemnización histórica. Recordó que la Corte Internacional de Justicia condenó a Estados Unidos en los años 80 y ordenó una compensación millonaria que, según afirmó, sigue pendiente. “Pagá, pagá y no andés matoneando”, lanzó el mandatario, subrayando que “la deuda con Nicaragua sigue activa y asciende a miles de millones”.
Antes de finalizar el acto, tomó la palabra su esposa y vicepresidenta, Rosario Murillo, quien aseguró que “Nicaragua triunfa en paz y unidad” y reiteró el compromiso de continuar la lucha contra la pobreza. En una intervención cargada de referencias a opositores, afirmó que muchos quisieran “volver a esta Nicaragua bendita”, pero —según dijo— “perdieron y no les queda nada”.
En ningún momento del acto público, que fue transmitido por los medios oficialistas, se hicieron referencias a las críticas internas por la falta de libertades políticas ni a la situación de los presos políticos, cuyo número, según organizaciones de derechos humanos, supera el centenar.
Juan Joya




