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Irán y Rusia han anunciado la realización de maniobras navales conjuntas en el golfo de Omán y el norte del océano Índico, en un despliegue que busca afianzar la cooperación militar entre ambos países en un momento de alta tensión en Oriente Medio. El vicealmirante Hassan Maqsudlu, portavoz de los ejercicios, confirmó que las armadas de ambas naciones llevarán a cabo estas maniobras en dichas aguas estratégicas. Según explicó, el propósito es fortalecer la cooperación marítima y consolidar la capacidad de diseñar y ejecutar operaciones conjuntas.
El anuncio se produce días después de que la Guardia Revolucionaria iraní realizara ejercicios en el estrecho de Ormuz, un corredor clave para el transporte mundial de petróleo y gas natural. En esa ocasión, Teherán movilizó unidades militares y anunció el cierre parcial del paso durante varias horas por razones de seguridad. Fuentes castrenses indicaron que la intención era evidenciar la capacidad de respuesta de Irán ante cualquier amenaza y reafirmar el control nacional sobre la seguridad del estrecho.
La dimensión internacional de estas maniobras se amplía con la presencia de fuerzas estadounidenses en la región. Washington mantiene un despliegue naval en el golfo Pérsico, descrito por el presidente Donald Trump como una armada lista para reaccionar ante eventuales provocaciones. Desde entonces, Teherán ha intensificado las advertencias sobre un eventual cierre del estrecho de Ormuz en caso de escalada, un escenario que preocupa a Estados Unidos y a sus aliados, dado que cualquier alteración en estas rutas impactaría directamente en el suministro energético global.
La cooperación entre Moscú y Teherán no se limita al ámbito militar. Ambos países han explorado el fortalecimiento de alianzas en materia energética, incluyendo proyectos conjuntos de exploración y producción. Rusia, además, reiteró su disposición a recibir uranio enriquecido procedente de Irán, lo que añade un componente sensible en el contexto de las negociaciones nucleares que Teherán mantiene de forma indirecta con Washington. Aunque el canciller iraní Abbas Araqchi calificó los contactos como constructivos, Estados Unidos sostiene que Irán aún no acepta las condiciones planteadas para frenar su programa nuclear.
El acercamiento ruso-iraní se enmarca en un acuerdo de asociación estratégica firmado en enero de 2025, que establece prioridades en defensa, energía y cooperación tecnológica para las próximas dos décadas. Moscú busca consolidar su presencia en aguas cálidas y ampliar su proyección de poder, mientras que Irán considera esta alianza un contrapeso frente a la presión occidental y una señal de resiliencia ante sanciones o bloqueos.
En este contexto, la combinación de ejercicios militares, cooperación energética y eventuales intercambios de material nuclear configura un escenario de alta sensibilidad geopolítica. Para Occidente, representa un desafío estratégico; para Moscú y Teherán, una demostración de coordinación y firmeza ante las presiones internacionales.
Juan Joya




