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3 febrero, 2026El Concejo de Bogotá encendió las alarmas en una sesión de la Comisión del Plan al advertir un riesgo elevado de racionamiento de agua potable para la ciudad durante 2026, debido a la persistente vulnerabilidad del sistema de abastecimiento hídrico y la alta dependencia de unos pocos cuerpos de agua estratégicos.
La alerta fue planteada por el concejal Marco Fidel Acosta Rico (Partido Colombia Justa Libres), quien preside el debate de control político sobre la gestión del agua. El cabildante calificó la seguridad hídrica como “uno de los principales desafíos estructurales” para Bogotá, en un contexto de crecimiento urbano acelerado y variabilidad climática.
Durante su intervención, Acosta señaló que aproximadamente el 70 % del suministro de agua de la ciudad depende del Sistema Chingaza, uno de los tres subsistemas que abastecen a la capital. Esta concentración, afirmó, representa una vulnerabilidad significativa ante sequías, fallas operativas o deterioro ambiental.

Recordó, además, que en la última crisis hídrica, entre 2023 y 2024, Chingaza alcanzó niveles mínimos de almacenamiento cercanos al 15 %, lo que obligó a la administración distrital a implementar turnos de racionamiento programado.
Por su parte, la administración local, representada en el debate por funcionarios del Distrito, aseguró que se han adelantado diversas estrategias dentro del marco de seguridad hídrica: gestión de aguas lluvias, reúso de aguas residuales, conservación de cuencas y protocolos de sequía, entre otras. Además, se informó sobre la restauración ecológica de 20 hectáreas en zonas clave como la cuenca alta del río Tunjuelo y los embalses La Regadera y Chisacá durante 2024.
Sin embargo, el Concejo cuestionó la escala de estas intervenciones, pues las áreas restauradas representan menos del 0,1 % de una sola de las cuencas estratégicas que abastecen a la ciudad. Esta discrepancia, dijeron varios concejales, limita la capacidad de resiliencia del sistema ante posibles escenarios de escasez prolongada.

El Concejo extendió un llamado para mejorar la ejecución de recursos, proteger integralmente las cuencas y garantizar el derecho al agua a largo plazo. Enfatizó la necesidad de fortalecer la cooperación entre instituciones públicas, ciudadanía y el sector productivo, con miras a afianzar prácticas sostenibles y asegurar la disponibilidad del agua para futuras generaciones.
El debate se da en un momento en que la ciudad aún enfrenta desafíos relacionados con el abastecimiento hídrico. Informes ambientales y organizaciones locales han señalado que los niveles de fuentes como el río Bogotá y otros cuerpos de agua presentan tendencias descendentes, lo cual ha motivado también llamados de contingencia por parte de autoridades ambientales.
Paola Andrea Martínez Burgos




