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20 diciembre, 2025El uso de dispositivos electrónicos como celulares, tabletas, computadoras y televisores ha aumentado notablemente en la vida cotidiana. Esta expansión no solo se limita al trabajo o la educación, sino también al ocio y la comunicación familiar y social, lo que incrementa el tiempo frente a pantallas en todas las edades. Por tal razón, investigadores y especialistas en salud vienen alertando sobre posibles efectos negativos cuando este uso es prolongado, tanto físicos como mentales.
De acuerdo con un estudio realizado en más de 200 mil adolescentes y publicado en The Lancet Digital Health, se demostró que los jóvenes que pasaban más de tres horas diarias en redes sociales presentaban un 25 % más de síntomas de ansiedad que aquellos que no lo hacían. Por ello, médicos y científicos continúan analizando los posibles riesgos que esta exposición continua podría traer al bienestar general.
Uno de los impactos más frecuentes asociados al tiempo prolongado frente a pantallas es la fatiga visual digital. Las personas pueden experimentar sequedad en los ojos, visión borrosa, dolor de cabeza e incluso sensación de ardor, síntomas que surgen por el esfuerzo constante de enfoque. Además, la luz azul emitida por estos dispositivos puede alterar los ciclos naturales de sueño, confundiendo el reloj biológico. Esta luz inhibe la producción de melatonina, la hormona que regula el sueño, lo que puede derivar en dificultades para descansar bien durante la noche. La falta de sueño, a su vez, repercute en la concentración, la memoria y el estado de ánimo de los usuarios; por lo que, especialistas recomiendan pausas regulares y limitar el uso antes de dormir.
Más allá de la vista, el uso continuo de pantallas influye en la postura y el movimiento corporal. Permanecer sentado por largos periodos puede provocar el llamado “cuello de texto”, dolores en hombros, espalda y muñecas, así como tensión musculoesquelética general. La falta de actividad física, común cuando se está mucho tiempo frente a dispositivos, está relacionada con un estilo de vida sedentario, que puede contribuir al aumento de peso y a problemas metabólicos. Esto incluye mayor riesgo de obesidad y trastornos asociados, como la resistencia a la insulina o presión arterial alta. Aunque estos efectos suelen asociarse a largas horas de pantalla diarias, también pueden agravarse si no se adoptan hábitos saludables. La recomendación de los expertos es que se alterne el tiempo de pantalla con ejercicio y descansos frecuentes.
Los efectos sobre la salud mental también están bajo análisis por parte de la comunidad científica. Varios estudios, como el ya mencionado, han encontrado una conexión entre el tiempo prolongado frente a pantallas y síntomas como ansiedad, estrés y alteraciones del estado de ánimo, especialmente entre adolescentes y jóvenes. Parte de esto se atribuye a la exposición constante a redes sociales y contenidos digitales que pueden fomentar comparaciones sociales y dependencia digital. La reducción de interacciones cara a cara y la falta de descanso adecuado también juegan un papel importante en estos cambios psicológicos. Aunque la tecnología tiene beneficios, su uso sin regulación puede afectar la estabilidad emocional de las personas.
En los menores, el impacto puede ser aún más notable, dado que sus cuerpos y cerebros están en desarrollo. La exposición excesiva a pantallas puede influir en patrones de sueño, el comportamiento y la salud emocional de niños y adolescentes. Estudios sugieren que más horas frente a dispositivos se relacionan con mayores síntomas de ansiedad y problemas de conducta. Esto ha llevado a pediatras y educadores a recomendar límites específicos de tiempo de pantalla para menores, así como la promoción de actividades alternativas que favorezcan el desarrollo cognitivo y social. El objetivo no es eliminar la tecnología, sino equilibrar su uso con otras experiencias saludables.

Para contrarrestar estos riesgos, especialistas recomiendan establecer hábitos conscientes y saludables. Entre las medidas sugeridas están:
- Limitar el tiempo de pantalla
- Hacer pausas regulares para descansar la vista
- Ajustar el brillo y contraste de los dispositivos
- Evitar su uso justo antes de acostarse.
- Fomentar actividades físicas
- Relaciones presenciales
- Rutinas de sueño consistentes.
- En el caso de los niños, padres y tutores pueden definir límites claros y supervisar el contenido que consumen.
Dayineth Isabel Molina Velásquez




