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6 noviembre, 2025Hace 40 años, entre el 6 y 7 de noviembre de 1985, Bogotá fue escenario de uno de los episodios más dolorosos de la historia de Colombia: la toma y retoma del Palacio de Justicia. A cuatro décadas de ese hecho, las heridas siguen abiertas y las respuestas aún parecen estar lejos. René Guarín, actual jefe de Tecnologías de la Presidencia, perdió a su hermana Cristina durante el operativo militar. En diálogo con Colmundo Radio, habló sobre la memoria, la justicia y su lucha inquebrantable por conocer qué ocurrió realmente.
Guarín recordó que “siempre que se hable del Palacio de Justicia es importante analizar el antes, el durante y el después”. Explicó que la toma fue ejecutada por el M-19 como un “juicio político” al entonces presidente Belisario Betancur, luego de incumplir los acuerdos de paz de 1984. Detrás de esa acción, señaló, hubo una cadena de hechos violentos como “el atentado a Antonio Navarro Wolff en Cali, el asesinato de 14 estudiantes de la Universidad Nacional y el tiro que recibió Carlos Pizarro”, lo que marcó el deterioro del proceso de paz.
En su caso, la tragedia se convirtió en una búsqueda personal que aún no termina. Su hermana Cristina desapareció el 6 de noviembre de 1985 y solo 31 años después el Estado le entregó “dieciséis huesos quemados y la ropa sin quemar”. “Esa fue toda la respuesta que me dieron”, lamentó. Guarín denunció que las investigaciones han sido escasas y que “hay un gran poder que oculta la verdad del Palacio”. A su juicio, las responsabilidades políticas y militares nunca se asumieron plenamente y muchos de los implicados “hicieron su vida sin rendir cuentas”.
El funcionario también habló sobre su vinculación al M19 meses después de la tragedia, lo que podría entenderse como contradictorio. Sin embargo, él lo explica como un acto de convicción política y no de contradicción moral. “Ingresé al M-19 en marzo del 86, convencido de que era necesario plantearle una demanda armada al Estado, pero no considerando al M-19 responsable de la desaparición de mi hermana”, señaló. Para él, la desaparición ocurrió bajo custodia estatal y su militancia fue “una respuesta a un Estado injusto”. Añadió que “la rebelión no debería ser considerada un delito, sino un derecho”.
Cuatro décadas después, asegura que la verdad sobre lo sucedido en el Palacio sigue fragmentada. “La mayor parte de las cosas no se sabe. Esta lucha no comenzó ayer ni va a terminar mañana”, afirmó. Para Guarín, la búsqueda de justicia es un símbolo de dignidad: “Como en La estrategia del caracol, lo hicimos por dignidad. Esa es la bandera que mantiene viva esta causa”. Añadió que si el Estado no ha podido establecer qué pasó con personas desaparecidas en el corazón político del país, “¿qué le puede pasar a cualquier colombiano en una vereda?”.
Escucha la entrevista completa:
Guarín también destacó la importancia de la desclasificación de archivos del extinto DAS, proceso que él mismo inició tras asumir un cargo en la Presidencia. “Solicité desclasificar los documentos del DAS, pero ha sido un proceso muy lento”, contó. Asegura que “hay más verdad en los archivos del DAS que en los testimonios que llegan a la Justicia Especial para la Paz”. Para él, conocer esos documentos es fundamental “no para enaltecer la lucha guerrillera, sino en homenaje a los compañeros desaparecidos”. Recordó que incluso “Irma Franco, víctima del Palacio, sigue sin ser reconocida oficialmente”.
A las familias que siguen esperando respuestas, les envía un mensaje de resistencia: “Esta lucha tiene que persistir y tener relevo generacional. Yo, hasta el último día de mi vida, voy a seguir exigiendo la verdad”. Cuestionó la lentitud del gobierno estadounidense en entregar información sobre su posible participación durante la retoma, señalando que “han sido diligentes para incluir al presidente Petro en listas, pero negligentes para desclasificar documentos sobre el Comando Sur”.
Finalmente, René Guarín reflexionó sobre cómo esta experiencia marcó su vida. “El evento del Palacio y la desaparición de mi hermana me permitieron entender qué significa en Colombia la lucha social y la justicia”, dijo. Hoy, desde su labor en el Estado, afirma haber aprendido que “los conflictos no terminan con la fuerza, sino en una mesa”, y que la democracia debe respetarse, “así no le guste a los imperios ni a los sectores oligárquicos… Esta lucha de 40 años es un ejemplo para las nuevas generaciones, para que entreguen una Colombia del tamaño de nuestros sueños”, concluyó.
Dayineth Isabel Molina Velásquez




