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Este jueves 16 de octubre se conmemora el Día Mundial del Pan, una fecha establecida desde 2006 por gremios internacionales para destacar la relevancia de este alimento en la historia de la humanidad y su papel en la seguridad alimentaria global. En Colombia, la efeméride adquiere un matiz particular, al coincidir con una etapa de transformación profunda en la industria panadera, que enfrenta retos estructurales derivados de la regulación fiscal, el comportamiento del consumidor y la evolución de las preferencias alimentarias.
El pan blanco continúa siendo el tipo de pan más consumido en el país. Se estima que el 91 % de los colombianos lo incluye en su desayuno de forma diaria, seguido por la baguette, que también mantiene una presencia significativa en la dieta cotidiana. Estos productos, elaborados con harinas refinadas y de textura suave, han sido históricamente los más accesibles y populares. Sin embargo, en los últimos años se ha observado una caída en las ventas de panadería dulce, atribuida en parte a la implementación de impuestos sobre productos con alto contenido de azúcares añadidos.
La medida fiscal, orientada a desincentivar el consumo de alimentos ultraprocesados, ha tenido un impacto directo en el segmento de panadería dulce, que incluye productos como croissants, hojaldres y panes rellenos. Esta situación ha obligado a los productores a replantear sus estrategias comerciales, ajustar sus portafolios y buscar alternativas que respondan a las nuevas exigencias del mercado. En paralelo, ha crecido el interés por opciones más saludables, como el pan de masa madre, que se posiciona como una alternativa natural, sin aditivos químicos ni grasas añadidas.
El pan de masa madre, elaborado mediante fermentación natural con levaduras propias, ha ganado terreno en Colombia por sus beneficios digestivos, su sabor distintivo y su textura particular. Aunque su consumo aún no alcanza los niveles de los panes tradicionales, su presencia en panaderías especializadas y emprendimientos artesanales ha aumentado de forma sostenida. Este tipo de pan responde a una tendencia de consumo más consciente, que privilegia ingredientes naturales, procesos lentos y experiencias auténticas.
La industria panadera colombiana, compuesta en su mayoría por pequeñas y medianas empresas, enfrenta presiones derivadas del aumento en los costos de insumos como harina, energía y transporte. Estos factores han afectado los márgenes de rentabilidad y han generado incertidumbre en el sector. A pesar de ello, el pan sigue siendo un producto de alta rotación y un símbolo de sustento en la mesa nacional. En este contexto, el oficio panadero, que se celebra cada 13 de julio en Colombia, cobra especial relevancia como expresión de trabajo artesanal, dedicación y resiliencia.
La conmemoración del Día Mundial del Pan permite visibilizar estas realidades y reconocer el papel del pan en la cultura alimentaria colombiana. Más allá de su valor nutricional, el pan representa una práctica cotidiana, una tradición compartida y un oficio que se adapta a los tiempos. En medio de los desafíos actuales, la industria panadera busca mantener su vigencia, responder a las nuevas demandas y preservar la esencia de un alimento que ha acompañado a generaciones.
Juan Joya




