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El Gobierno de Estados Unidos respondió con sobriedad y distancia institucional al discurso del presidente Gustavo Petro ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en el que el mandatario colombiano lanzó duras acusaciones contra el presidente Donald Trump y cuestionó la política exterior estadounidense en varios frentes. La delegación oficial de EE. UU. se retiró del recinto durante la intervención de Petro, en lo que fue interpretado como un gesto diplomático de rechazo.
La única declaración oficial emitida por el Departamento de Estado fue breve y deliberadamente escueta: “Las acciones de nuestra delegación este martes hablan por sí mismas”. Con esa frase, el gobierno estadounidense evitó entrar en una confrontación directa, dejando que el retiro del recinto funcionara como respuesta simbólica a las afirmaciones del presidente colombiano.
Durante su intervención, Petro acusó a Trump de haber ordenado ataques con misiles en el Caribe contra embarcaciones que, según él, transportaban jóvenes, “quizás algunos colombianos”. También lo responsabilizó por “ser cómplice del genocidio en Gaza” y pidió que se abriera una investigación internacional. “Hoy hablo ante ustedes como un presidente descertificado por el mismo presidente Trump, sin que él tuviera ningún derecho a hacerlo, ni humano ni divino, y sin razón mental”, afirmó.
El mandatario colombiano también denunció lo que considera una política exterior violenta y antidemocrática por parte de Estados Unidos. “No es posible que se bombardeen barcos en el Caribe y que se descertifique a Colombia sin fundamentos. No es posible que se apoye a políticos ligados a la mafia que han cometido masacres en nuestro país”, dijo Petro, en un tono que marcó distancia con la diplomacia tradicional.
La respuesta de Estados Unidos, aunque limitada a una sola frase, fue cuidadosamente calculada. El retiro de la delegación durante el discurso y la posterior declaración del Departamento de Estado reflejan una estrategia de contención institucional frente a un discurso que, según fuentes diplomáticas, fue considerado provocador y fuera de tono para el escenario multilateral.
El episodio se produce en medio de una serie de tensiones acumuladas entre Bogotá y Washington, especialmente tras la desertificación parcial de Colombia en la lucha contra las drogas. Petro ha insistido en que dicha medida carece de fundamento técnico y responde a intereses políticos. En su discurso, también cuestionó la eficacia de la diplomacia internacional frente a la ofensiva israelí en Gaza y propuso que Asia y América Latina “unan ejércitos y armas para liberar a Palestina”.
Estados Unidos, por su parte, ha mantenido una postura institucional, sin emitir comentarios adicionales sobre el contenido del discurso ni sobre las propuestas del mandatario colombiano. La frase “Las acciones de nuestra delegación hablan por sí mismas” se convirtió en el eje de la respuesta oficial, marcando un límite claro sin escalar el conflicto.
La confrontación entre Petro y Trump en el escenario de Naciones Unidas refleja un nuevo episodio de distanciamiento diplomático entre Colombia y Estados Unidos. Mientras el presidente colombiano insiste en denunciar lo que considera una política exterior agresiva, Washington ha optado por responder con gestos y declaraciones sobrias, evitando una réplica directa que pudiera intensificar la tensión bilateral.
Juan Joya




