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22 septiembre, 2025El más reciente informe Panorama de la Educación 2025 (Education at a Glance), publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), presenta un diagnóstico preocupante sobre el estado de la educación en Colombia. Aunque el país ha logrado avances en cobertura y reducción de rezagos en los niveles básico y medio, la educación superior enfrenta serios desafíos estructurales: bajas tasas de graduación, altos índices de deserción en los primeros años y un mercado laboral que no recompensa proporcionalmente los mayores niveles de formación académica.
A nivel global, el informe revela un hito: casi la mitad de los jóvenes en los países miembros de la OCDE cuentan ya con estudios superiores, siendo las mujeres quienes lideran en acceso y finalización. Sin embargo, Colombia está lejos de seguir esta tendencia.
El dato más crítico es la baja finalización universitaria: apenas el 16 % de los estudiantes se gradúa en los tiempos previstos y, con tres años adicionales, la cifra solo asciende al 44 %, muy por debajo del promedio de la OCDE (70 %). A ello se suma un 22 % de abandono en el primer año, frente al 13 % en el ámbito internacional. Las causas, señala el reporte, van desde la falta de orientación vocacional y el escaso acompañamiento académico, hasta las limitaciones socioeconómicas que afectan la permanencia estudiantil.
La situación se agrava al observar el vínculo entre educación y empleo. Mientras en la OCDE los niveles educativos más altos reducen significativamente el desempleo (12,9 % en quienes no terminan secundaria, 6,9 % en graduados de secundaria y 4,9 % en universitarios), en Colombia ocurre lo contrario: la tasa de desempleo es del 10,3 % entre quienes no tienen secundaria, aumenta al 12,1 % en quienes la completan y se mantiene en 11,2 % entre los profesionales. Esto evidencia que la inversión educativa en el país no garantiza mejores oportunidades laborales, poniendo en entredicho la capacidad del mercado para absorber a los graduados.

No obstante, la educación sigue marcando diferencias salariales. En Colombia, quienes no terminan la secundaria ganan en promedio 30 % menos que quienes sí lo hacen, frente a un 17 % en la OCDE. Y mientras que en los países miembros un profesional recibe un 54 % más que alguien con secundaria, en Colombia esa brecha llega al 150 %. En otras palabras, aunque los empleos sean limitados, la educación conserva su rol como motor de movilidad social, aunque con retornos concentrados y desiguales.
Los problemas no se limitan a la universidad. Según el informe, uno de cada cinco estudiantes de secundaria en Colombia presenta un rezago de al menos dos años. Aunque la proporción de jóvenes sin secundaria disminuyó del 27 % en 2019 al 17 % en 2024, sigue por encima del promedio de la OCDE (13 %). Además, la carga académica es mucho mayor: los estudiantes colombianos cumplen en promedio 1.000 horas anuales en primaria y 1.200 en secundaria, frente a 804 y 909 en los países de la organización, sin que ello se refleje en mejores resultados.
El panorama, advierte la OCDE, exige un replanteamiento profundo del sistema educativo colombiano. Hoy, las familias realizan grandes sacrificios económicos para acceder a la educación superior, pero los estudiantes desertan temprano, pocos logran graduarse a tiempo y los profesionales enfrentan un mercado laboral incapaz de responder a su nivel de formación.
La solución, señalan los expertos, pasa por políticas públicas que vayan más allá de atender los síntomas. Se requiere atacar las causas de la deserción, garantizar condiciones para la graduación oportuna y fortalecer los vínculos entre educación y empleo. Solo así la educación superior podrá cumplir su promesa de movilidad social y convertirse en un verdadero motor del desarrollo económico y social del país.
Paola Martínez Burgos




