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16 febrero, 2026El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a poner el foco internacional en la crisis de la Franja de Gaza al insistir en que el movimiento Hamás debe cumplir de manera “total e inmediata” con su desarme como condición para iniciar un proceso de reconstrucción en el territorio palestino devastado por años de conflicto.
Desde su plataforma en Truth Social, Trump subrayó que la desmilitarización del grupo armado, considerado terrorista por Washington e Israel, es un paso ineludible dentro de la segunda fase del plan de alto el fuego negociado y aprobado por la Organización de las Naciones Unidas en noviembre de 2025. Esta fase contempla, además, la salida gradual de las fuerzas israelíes del enclave y el despliegue de una fuerza internacional para garantizar la seguridad y protección de la población civil.
El mandatario estadounidense aseguró también que los integrantes de la denominada “Junta de Paz”, un organismo internacional que él lidera y que agrupa a varios países y personalidades vinculadas a la diplomacia global, ya comprometieron 5.000 millones de dólares para financiar “iniciativas humanitarias y de reconstrucción” en Gaza. El anuncio oficial se dará a conocer en una reunión prevista para el 19 de febrero en Washington.
Trump dijo que los países miembros de esta junta han prometido, además del financiamiento, “miles de personas” que integrarán una Fuerza Internacional de Estabilización y cuerpos de policía locales encargados de mantener la paz en el enclave.

El desafío del desarme
El desarme de Hamás, pieza central del plan estadounidense, ha sido siempre uno de los puntos más espinosos en cualquier iniciativa hacia la paz. El grupo, que mantiene control territorial sobre Gaza desde 2007, ha rechazado entregar armas a menos que estas sean transferidas a una autoridad palestina legítima y ha cuestionado que una desmilitarización unilateral pueda garantizar seguridad y justicia para su población.
Expertos y diplomáticos internacionales han señalado que la retirada de armas de Hamás sin garantías políticas genera escepticismo y podría socavar la confianza en el proceso de paz, especialmente si no existe un avance paralelo hacia soluciones políticas más amplias para el conflicto entre israelíes y palestinos.
Aunque la propuesta de reconstrucción ha recibido cierto apoyo en círculos internacionales, también ha generado reservas, particularmente entre aliados tradicionales de Estados Unidos y países que forman parte de la Junta de Paz, pero que se muestran cautelosos ante la idea de condicionar la ayuda humanitaria al desarme total de Hamás.
Además, el contexto humanitario en Gaza sigue siendo crítico. El territorio aún muestra vastas zonas devastadas por el conflicto y enfrenta desafíos diarios, desde la escasez de servicios básicos hasta el retorno seguro de desplazados. Organismos internacionales han advertido que, incluso con los fondos comprometidos, la reconstrucción podría tomar décadas.
Mientras tanto, el plan de Trump sitúa en el centro de la atención global la necesidad de combinar incentivos financieros con exigencias políticas, en una región cuyo futuro sigue siendo objeto de tensas negociaciones y profundas divisiones.
Paola Andrea Martínez Burgos




