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Tres semanas después, vale la pena sopesar qué tan lejos ha llegado la ‘Tercera Guerra del Golfo’.
Le he puesto ese nombre porque la primera guerra no fue la que enfrentó a Irán e Irak a lo largo de la década de los 80.
Esa fue una guerra solo entre dos y con repercusiones muy restringidas.
En realidad, la primera es la del 90 – 91, en la que se dio la Operación Tormenta del Desierto.
Y la segunda fue la del 03 al 11, con la Operación Libertad Iraquí, cuando cayó Saddam Hussein.
Así que esta, la tercera, en la que ha caído el heredero de Jomeini, ha involucrado a grandes potencias, a casi todos los países del área, y es tanto multidominio como multifrontal, con claros rasgos existenciales.
Primero, queda claro que las operaciones combinadas León Rugiente ( Israel ) y Furia Épica ( EEUU ) han sido contundentes.
La cúpula del poder iraní ha desaparecido y tanto la Fuerza Aérea como la Armada ya no existen.
Tal como sucedió con la Operación Resolución Absoluta, muchos iraníes ven en esta iniciativa estratégica un detonante de su liberación.
La capacidad misilística del receptor, así como su programa nuclear, han quedado, de nuevo, y tras la Guerra de los 12 Días del año pasado, severamente recortados.
Y la cadena proxy del Eje de la Resistencia se ha roto : Siria dejó de ser un eslabón hace tiempo.
Los palestinos recobraron su libertad al deshacerse de Hamás, hoy pulverizado, sobre todo, por causa de la resolución 2803 del Consejo de Seguridad de la ONU que muchos “cantamañanas” antisemitas harían bien en repasar, renglón por renglón.
Y los hutíes de Yemen se están comportando con los persas exhibiendo la misma apatía y animosidad que la España socialista ha venido mostrando, recurrentemente, hacia los Estados Unidos.
Segundo, los formidables aliados de Teherán, o sea, China y Rusia, han corrido a ocultarse, despavoridos, tal como lo hicieron ante la terrible suerte que corrió Nicolás Maduro.
Por supuesto, los chinos no deberían atreverse a pescar en río revuelto para invadir a Taiwán, como que tampoco auxiliarán a La Habana en caso de que Washington extienda sus tentáculos, y los rusos están encantados con la autorización expedida por Trump a fin de que medio mundo adquiera libremente su petróleo.
Para ser prácticos, Pekín y Moscú se han comportado con los ayatolás del mismo modo que los franceses ante Washington : se pavoneaban sosteniendo que su deslumbrante portaviones Charles de Gaulle garantizaría la navegación por el Golfo Pérsico ; pero cuando llegó el momento de hacerlo, se anclaron a tomar el sol en las cálidas aguas del Mediterráneo.
Y eso sin contar con que todavía es probable ver un escenario resonante : que en virtud de la máxima conveniencia comercial, sean los propios chinos quienes terminen cooperando con Trump para mantener abierto el estrecho de Ormuz.
Tercero, así como EEUU alterna esfuerzos para resolver la cuestión cubana, Jerusalén hace lo propio estabilizando la situación en su frente norte, garantizándose de una vez por todas una franja de seguridad y zona de exclusión hasta el libanés río Litani.
Cuarto, los que soñaban con despertar a las células terroristas durmientes en territorio norteamericano, o ver en acción a los temibles lobos solitarios, se han quedado, por lo pronto, decepcionados y malhumorados, al tener que mascullar en silencio sus morbosas expectativas operacionales.
Quinto, es muy probable que la isla petrolera de Kharg cambie de dueño ; que fuerzas especiales estadounidenses actúen en suelo iraní para completar ciertas tareas referentes a lo nuclear o a la producción de drones y misiles, y que los recursos de que tanto se preciaban los iraníes en el Mar Caspio ( en tanto lago más grande del planeta ) pasen ahora a manos de una coalición liderada por EEUU e Israel, permitiéndoles a los Estados del área, y del Cáucaso, respirar suficientemente tranquilos.
En definitiva, esta Tercera Guerra del Golfo no solo ha dejado a los persas completamente solos y al mismo tiempo devastados en materia de traumatología y ortopedia.
También ha conducido a que todos los países del Consejo de Cooperación en el Golfo y, prácticamente todos los árabes, liderados por los mismísimos saudíes, estén no solo a punto de atacarles haciendo uso de su derecho a la legítima defensa.
También están a punto de suscribir los Acuerdos de Abraham, entendidos como el mecanismo histórico polivalente y transformador destinado a lograr, después de tantos siglos, la reconciliación productiva entre los árabes y los judíos.
vicentetorrijos.com

