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Tarde o temprano, los estudios y la gestión sobre política exterior tendrán que incluir un nuevo campo al que llamaremos ‘diplomacia sideral’.
Se trata de las relaciones que tendríamos que mantener no solo con sujetos extraterrestres.
Aunque pueda tomarse como pura ciencia ficción, la cuestión es cada vez más apremiante.
De hecho, la nueva fase de la humanidad será extraplanetaria cuando en diez años comience la colonización de Marte.
Más allá de las desavenencias entre Elon Misk y Donald Trump, este propósito de los EEUU es irreversible.
Eso creará una primera dimensión de la diplomacia sideral a la que llamaremos ‘diplomacia endógena’,
Se trata de gestionar los problemas y conflictos entre humanos marcianos que se deriven de esa colonización.
Más allá de los tratados firmados hasta ahora, el régimen del espacio será, necesariamente, insuficiente para resolver las controversias.
Controversias como las que se susciten también cuando superpotencias como Rusia y China estén en capacidad de asentarse en el planeta, desafiando así la posesión de los EEUU.
Por supuesto, los recursos serán escasos, los traumas psiquiátricos pulularán, y la codicia hará de las suyas al estilo del experimento de la Prisión de Stanford.
Empezando por cuáles serán el tipo de gobierno, o el sistema de integridad territorial que se escojan, el manejo del uso de la fuerza será el asunto más delicado para mantener la estabilidad intergrupal.
Pero hay una segunda dimensión, tanto o más importante que la anterior, a la que llamaremos ‘diplomacia sideral exógena’.
Esta es la que, desde ahora mismo, y también cuando se desarrolle Marte, se ocupará de las relaciones interespecíficas, o sea, la interacción entre humanos y alienígenas ( aliēnus : ‘ajeno', 'extraño' ; y gĕna : 'originario' ).
Para no ir muy lejos, se trata de aquello que ya puso de presente el astrofísico Allen Hynek en su libro de 1972 sobre los tres encuentros cercanos ( observación, rastros, y contacto directo ), así como Steven Spielberg en su magistral filme del 77.
Situación que cada vez se hace más probable, sobre todo, a partir de análisis científicos muy recientes.
Valiéndose de la Paradoja de Enrico Fermi y de la Hipótesis del Bosque Oscuro ( David Brin ), Abraham Loeb, y otros, han conjeturado que un objeto extraño se encamina hacia la Tierra, impactando en noviembre.
Aunque, simplemente, podría tratarse de un cometa más, ellos también contemplan -por la forma en que se conduce-, que se trate de un « objeto tecnológico, posiblemente hostil », esto es, una « Inteligencia Extraterrestre ( ETI ), ya que permitiría que el objeto acceda a nuestro planeta con relativa impunidad ».
Si Fermi hablaba de que en tan inconmensurable universo el humano no tiene por qué ser el único viviente, y Brin sostenía que si los otros no salen a la luz es por miedo y cautela, este hallazgo podría resolver la ecuación de una buena vez.
Resolución que, como su nombre lo indica, requeriría que los esfuerzos transdiciplinarios se incrementen y se abra camino la lógica de la transformación de conflictos, empezando por dos variables fundamentales.
¿ En términos racionales, o no, será posible comunicarse para instaurar la confianza … o para decidir si es imperioso el uso de la fuerza, y en qué términos, exactamente ?
vicentetorrijos.com

