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El gigante asiático inició una nueva y amplia ronda de ejercicios militares alrededor de Taiwán, considerada por las autoridades de Pekín como una “seria advertencia” frente a lo que denomina fuerzas separatistas y actores externos que, según su postura oficial, interfieren en la cuestión taiwanesa. Las maniobras, descritas como las más extensas realizadas hasta ahora, incluyen operaciones conjuntas del Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y unidades de misiles, con ejercicios de fuego real en varios puntos que rodean la isla.
De acuerdo con la información difundida, los ejercicios se desarrollan en múltiples zonas al norte, sur, este y oeste de Taiwán, con el objetivo declarado de ensayar bloqueos, ataques de precisión y el control del espacio aéreo y marítimo. Voceros militares chinos señalaron que estas acciones buscan “poner a prueba la capacidad de combate integral” de sus fuerzas y reforzar la preparación frente a escenarios de conflicto, insistiendo en que Taiwán es parte del territorio chino.
Por su parte, desde Taipéi, las autoridades taiwanesas respondieron con el despliegue inmediato de sus fuerzas de defensa, activando sistemas de vigilancia, unidades aéreas y navales, y reforzando su estado de alerta. El Ministerio de Defensa de Taiwán informó sobre la detección de aeronaves y buques chinos operando en zonas cercanas a la isla, y aseguró que la respuesta se mantiene dentro de parámetros defensivos, orientada a salvaguardar la seguridad y la estabilidad regional.
Las maniobras se agravan en medio de decisiones recientes relacionadas con la venta de armas a Taiwán. China anunció sanciones contra al menos 20 empresas estadounidenses vinculadas a la fabricación y comercialización de armamento, acusándolas de “socavar la soberanía y la seguridad nacional”. Las sanciones incluyen restricciones comerciales y financieras, como parte de una estrategia para disuadir el apoyo militar externo a la isla.
En el plano internacional, Rusia expresó públicamente su respaldo a China ante un eventual conflicto en torno a Taiwán, afirmando que apoyará a Pekín frente a lo que considera presiones de Occidente en la región del Pacífico. Este pronunciamiento añade un componente geopolítico adicional a la crisis, al involucrar de manera explícita a una potencia clave en el equilibrio estratégico global.
Desde América Latina, Cuba rechazó las intenciones de Estados Unidos de realizar nuevas ventas masivas de armas a Taiwán, calificándolas como un factor de desestabilización regional. El gobierno cubano reiteró su respaldo al principio de “una sola China” y criticó lo que considera una política de injerencia que incrementa el riesgo de confrontación militar en Asia.
La tensión entre China y Taiwán tiene su origen en una disputa histórica sobre el estatus de la isla. Pekín considera a Taiwán como parte de su territorio bajo el principio de “una sola China”, mientras que Taipéi mantiene un gobierno autónomo y busca preservar su soberanía. La situación se ha agudizado en los últimos años por el incremento de la presencia militar china alrededor de la isla y por el apoyo político y militar de Estados Unidos y otros aliados, un trasfondo que explica por qué cada ejercicio militar o venta de armas se convierte en un nuevo episodio de fricción en el Indo-Pacífico.
Juan Joya




