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11 noviembre, 2025La corrupción, ese enemigo silencioso que carcome los cimientos de las democracias, vuelve a golpear con fuerza en Ucrania. La llamada operación ‘Midas’, revelada por la Oficina Nacional Anticorrupción (NABU), destapó una red de sobornos por más de 100 millones de dólares en el corazón del sector energético del país. El caso no solo involucra a altos funcionarios de Energoatom, la empresa estatal de energía nuclear, sino que —según diversas fuentes— podría alcanzar el entorno más cercano del presidente Volodímir Zelenski.
El hallazgo llega en un momento crítico: Ucrania se prepara para un nuevo invierno bajo los ataques rusos, mientras su infraestructura eléctrica pende de un hilo. En medio de esa fragilidad, el escándalo golpea la credibilidad de un Gobierno que ha hecho de la lucha contra la corrupción uno de sus principales compromisos frente a la comunidad internacional y ante la Unión Europea, a la que busca ingresar.
Un caso que sacude los cimientos del poder
Según la NABU, una “organización criminal de alto nivel” habría controlado durante meses los contratos de Energoatom, exigiendo comisiones ilegales del 10 % al 15 % a empresas privadas. Entre los señalados aparecen un exasesor del ministro de Energía, el jefe de seguridad de la estatal y varios funcionarios administrativos. Incluso se menciona al exministro de Energía Herman Galushchenko, hoy al frente del despacho de Justicia, aunque su implicación directa aún no ha sido confirmada.
El diputado Yaroslav Zhelezniak, del partido Golos, pidió la destitución de la actual ministra de Energía, Svitlana Hrynchuk, y de su antecesor. La ministra, por su parte, confirmó los allanamientos, pero aseguró no conocer los detalles del caso. “Espero que la transparencia de la investigación tranquilice a nuestros socios internacionales”, expresó, consciente de que la confianza de Bruselas pende de la credibilidad institucional ucraniana.
Más allá de los despachos oficiales, los registros también habrían alcanzado las oficinas de Timur Mindich, coproductor de Kvartal 95, la empresa audiovisual fundada junto con Zelenski antes de su salto a la política. La NABU señaló que Mindich abandonó Ucrania justo antes de las redadas, un detalle que inevitablemente alimenta las sospechas sobre el círculo íntimo del presidente.
El espejo de la doble moral política
Zelenski reaccionó de inmediato, prometiendo “una respuesta legal clara” y enfatizando que “la limpieza dentro de Energoatom es una prioridad”. Sin embargo, las palabras del mandatario suenan menos contundentes a la luz de su propio historial reciente: hace apenas cuatro meses, intentó subordinar a la NABU y a la Fiscalía Anticorrupción (SAP) al Ministerio Público, una decisión que desató protestas masivas y que muchos interpretaron como un intento de limitar la independencia judicial.
Esa contradicción es, precisamente, lo que hace del caso ‘Midas’ una prueba de fuego. Zelenski no solo debe demostrar que su gobierno no protege a los suyos, sino que está dispuesto a permitir que las instituciones actúen sin interferencias políticas, incluso si eso implica investigar a antiguos socios y aliados.
Europa observa
En el tablero geopolítico, el escándalo tiene implicaciones directas. Bruselas ha condicionado el avance de la adhesión ucraniana a la Unión Europea al cumplimiento estricto de los estándares anticorrupción. Un tropiezo en este frente podría erosionar la confianza internacional en Kiev, justo cuando el país necesita más apoyo financiero y militar.
La operación ‘Midas’, que la NABU asegura fue resultado de “15 meses de trabajo y 1.000 horas de grabaciones de audio”, podría ser el mayor caso de corrupción desde el inicio de la guerra. Pero más allá de las cifras, su impacto político será medido por la coherencia entre los discursos y los hechos del presidente Zelenski.
Una oportunidad en medio del escándalo
Paradójicamente, este episodio podría ofrecer a Ucrania una oportunidad: probar ante el mundo que su sistema judicial funciona incluso en medio de la guerra. Si el Gobierno permite que la investigación avance hasta sus últimas consecuencias, Ucrania no solo protegerá su reputación internacional, sino que enviará un mensaje claro de que ningún poder está por encima de la ley.
La lucha contra la corrupción no se libra con comunicados ni promesas televisadas. Se libra con transparencia, independencia institucional y justicia sin selectividad. En tiempos de guerra, cuando cada kilovatio y cada dólar cuentan, la integridad también se convierte en un arma de resistencia. Y hoy, Zelenski tiene en sus manos decidir si esa arma se afila o se oxida.
Humberto ‘Toto’ Torres




