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18 junio, 2025El Senado de la República está a punto de tomar una decisión que podría transformar profundamente los servicios funerarios en Colombia: la aprobación del uso de la hidrólisis alcalina como una nueva alternativa para la disposición final de cadáveres.
Conocida como “cremación con agua”, esta técnica ya se aplica en países como Estados Unidos, México, Australia y Países Bajos. El proceso consiste en introducir el cuerpo en un recipiente hermético con una solución compuesta por 95 % de agua y 5 % de agentes químicos, generalmente hidróxido de potasio o sodio. Mediante altas temperaturas y presión controlada, se acelera la descomposición natural del cuerpo. Al finalizar, solo permanecen los restos óseos, que se secan, pulverizan y se entregan a los familiares como cenizas, al igual que en la cremación tradicional.
Los defensores del proyecto destacan sus beneficios ambientales, económicos y logísticos. Johana Estrada Vallejo, vocera del sector funerario, asegura que se trata de “un paso hacia ritos funerarios sostenibles”, al reducir la huella de carbono, facilitar la unificación de servicios y entregar hasta un 20 % más de restos óseos a las familias.
Uno de los principales argumentos a favor es que, al no usar combustión, el procedimiento no genera emisiones de gases de efecto invernadero ni contaminantes atmosféricos como dioxinas o furanos. Además, no requiere grandes extensiones de terreno ni el uso intensivo de combustibles fósiles. Incluso, se estima que consume menos energía y agua que la cremación con fuego.
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Cabe resaltar que la iniciativa también responde a un problema estructural: la falta de infraestructura crematoria, evidenciada durante la pandemia por COVID-19, cuando la alta demanda superó la capacidad instalada.
No obstante, el proyecto ha generado controversia en distintos sectores. Carlos Eduardo Valdés, exdirector de Medicina Legal, advirtió que el proceso destruye por completo el ADN de los cuerpos. “En un país con miles de casos de desaparición forzada, esto imposibilitaría cualquier identificación posterior”, señaló.
Otro punto crítico es el consumo de agua. Expertos estiman que se requieren entre 1.000 y 1.500 litros por cuerpo, lo que plantea serias dudas sobre el uso de este recurso en un país con problemas recurrentes de abastecimiento. También se cuestiona la disposición del líquido residual conocido como efluente, que contiene sales, azúcares, aminoácidos y péptidos. Aunque se considera estéril y menos contaminante que las aguas residuales domésticas, su vertimiento al sistema de alcantarillado suscita inquietudes ambientales.
En redes sociales, el abogado y concejal de Bogotá, Daniel Briceño, calificó como “muy preocupante” el avance del proyecto. “El ADN desaparece por completo y se abre la puerta para que se practique en cualquier parte”, escribió en su cuenta oficial de X.
El ministro de Salud, Guillermo Alfonso Jaramillo, inicialmente emitió un concepto desfavorable frente al proyecto. Sin embargo, cambió de postura y ahora respalda la iniciativa.
De aprobarse, la hidrólisis alcalina se sumaría a las dos opciones actualmente disponibles en el país: la inhumación y la cremación, sin reemplazarlas.
El debate no solo abarca aspectos ambientales y éticos, sino también intereses económicos. Algunos sectores del gremio funerario ven en esta tecnología una posible disrupción de su modelo de negocio tradicional.
Paola Martínez Burgos




