Cambios tarde, falta de convicción, mala lectura del juego, falta de autoridad, entre otros factores, impidieron que Colombia se llevara la primera victoria en territorio brasileño.
Nuevamente, la Selección, como había ocurrido ante Uruguay, termina perdiendo juegos claves en la última jugada del compromiso. Las desconcentraciones, producto del cansancio, terminan costando duelos en los cuales Colombia no fue inferior a su rival, pero sí más inocente. Anoche, la Selección tuvo todo para ganarlo: un colectivo discreto al frente, individualidades que no estuvieron en la mejor noche, porque las estrellas del Real Madrid y del Barcelona no tuvieron un gran partido, pero con poco, simplemente con jerarquía y camiseta, terminaron marcando la diferencia en el inicio y en el final, agudizando aún más el presente de la Tricolor.
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La derrota no es lo más grave, pero preocupa la falta de jerarquía
La derrota no es lo más grave, pues, a pesar de que Colombia ya completa tres partidos consecutivos sin sumar, selecciones como Perú (10), Chile (9) y Venezuela (12) aún están muy por debajo de la Selección, a más de seis puntos de Colombia, lo cual garantiza que si Colombia gana los juegos que le quedan en casa, estará en el campeonato del mundo. Sin embargo, la preocupación pasa porque Colombia es incapaz de ganarle a las selecciones potencias del continente, no sabe cerrar partidos, el estratega Néstor Lorenzo decide tarde y deja que los jugadores le manejen el equipo, y lo más grave: nos acostumbramos a defender y argumentar las derrotas que ya son costumbre.
“Pocos equipos someten a Brasil acá, hemos hecho las cosas bien, no encuentro explicación, porque hemos jugado bien, hemos tenido chances y hoy fue eso. No sé el árbitro de dónde da 10, no sé si al final quería que ganara Brasil”, James Rodríguez.
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Desconcentraciones y decisiones tardías condicionaron a Colombia
Sin duda alguna, ayer Colombia, teniendo al frente a un Brasil nublado, hizo todo para autosabotearse. Primero, no aguantó la presión de arranque y, antes de los 5 minutos, ya lo iba perdiendo por pasividad para marcar en el momento de mayor concentración del partido. Con tres pases, Brasil puso de frente al arco a Vinícius y llevó a la imprudencia, que también es un error puntual de Daniel Muñoz al cometer una falta en el área. Después, con dominio absoluto de la pelota y control del juego, Colombia no tenía claridad en los últimos 20 metros de la cancha. El orden de Brasil y lo mucho que le cuesta a Colombia cuando un equipo se le cierra atrás hacían del juego un monólogo: Colombia queriendo y no pudiendo, y Brasil defendiendo el resultado e intentando aprovechar un despliegue de Colombia.
La Tricolor hizo lo más difícil: empatar el juego en una jugada en la que Arias recupera arriba, toma mal parada a la defensa de Brasil y Luis Díaz aprovecha para cobrar. Allí parecía que Colombia tenía con qué seguir de largo, y por momentos demostró personalidad, jugó muy bien, hizo ver mal a Brasil, pero aun así, no generaba. Le seguía costando en el último tercio de la cancha. Córdoba no tuvo una sola pelota clara y, por afuera, Luis Díaz, de gran partido, y Jhon Arias no lograban desbordar, mientras Daniel Muñoz y Johan Mojica tampoco pesaron en ataque.
Jugadores cansados y el partido pidiendo cambios para aprovechar los espacios que daba Brasil llevaban a que Néstor Lorenzo decidiera, porque el partido seguía siendo ganable. Colombia hacía todo bien, solo hacía falta fuerza y volumen arriba. Sin embargo, el estratega, como es costumbre, tiene dificultades para tomar decisiones radicales y más aún si son respecto a sus ‘consentidos’: no los toca, así James estuviera caminando porque físicamente no daba más.
El mediocampo necesitaba urgentemente un hombre más por dentro. Richard y Lerma también se veían tocados. Arriba, con espacios y teniendo el partido para transiciones, Lorenzo no comprendió que la Selección necesitaba un atleta, un velocista, un jugador reactivo como Marino, lo único que había en el banco. Esto también habla de una mala convocatoria. Sin embargo, el caleño nunca ingresó.
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Colombia no cerró el partido, no aprovechó la mayor parte del juego en la que tuvo la primera opción de ganarlo, y en una jugada, Brasil, haciendo uso de sus individualidades, terminó llevándose todo del estadio Mané Garrincha y evidenciando la impotencia de todo el plantel, que corrió y jugó, pero es muy inocente y no tiene la jerarquía para marcar la diferencia ante rivales sumisos como el Brasil de anoche.
Alexander Cortes