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La anhedonia es un estado de angustia existencial que tiene su origen en situaciones adversas : algo que andaba muy mal.
No es tan grave como la depresión, o la ansiedad, pero hace parte del mismo complejo y se trata de la incapacidad para sentir placer, perdiéndose la motivación para buscar la alegría.
En otras palabras, los regímenes anhedónicos están sometidos a tantas presiones, privaciones, amenazas, asedios y culpas acumuladas que pierden la ilusión de gozar de un mejor destino y se derrumban.
Los ciudadanos pierden la esperanza, se empobrecen, y recurren a la violencia entre propios y contra extraños.
Los gobiernos se basan en privilegios, rutinizan la colusión, estimulan el odio para permanecer en el poder, persiguen a los opositores, justifican los crímenes, y se sumen en la paranoia al ver que desde afuera se les reprocha su comportamiento sociopático.
Quienes padecen anhedonia se sienten apocados, opacados, no se reconocen como lo que eran y, aunque se esfuercen por buscar algo excitante, siguen sumidos en el vacío y el desconcierto.
De hecho, los regímenes anhedónicos se hacen cada vez más críticos porque son circulares : se agravan por el caos institucional o la pobreza en que viven, al tiempo que agudizan el conflicto social y alientan la agresión.
Por supuesto, estos gobiernos se convierten en verdaderos focos problemáticos para la comunidad internacional.
Sus aliados tienden a ayudarlos y hacen aportes significativos, tanto discursivos como materiales, para dotarlos de recursos y armamento pero en la mayoría de las ocasiones tales aportes van a saco roto y se diluyen.
Incluso, los aliados llegan a correr el riesgo de caer en la imitación de conducta y, al esforzarse por respaldarlos, terminan pareciéndose cada vez más, hasta el punto de verse atrapados también por la anhedonia.
Por otra parte, sus adversarios perciben que, en semejantes circunstancias, los regímenes anhedónicos solo pueden transitar por dos senderos : o se desmoronan solos ( se suicidan ), o se convierten en presas ( relativamente ) fáciles para ser intervenidas.
Es entonces cuando florece la diplomacia coercitiva y las iniciativas psicológicas para debilitar al régimen y procurar su remplazo.
Acoso, sitio, asedio, bloqueo, sanciones, recompensas, ataques quirúrgicos, atrición, operaciones encubiertas, demonización y, obviamente, la promoción de la desconfianza y la suspicacia entre los dirigentes para que cada uno vea a su correligionario como un traidor al acecho.
De tal manera, la anhedonia política pasa a ser un poderoso factor de cambio en el sistema internacional : socava gobiernos, o los depone, y en muy pocos casos los mantiene en el poder pero, claro, en medio de la angustia, la desazón y un permanente estado de crisis y confrontación.
vicentetorrijos.com

