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13 enero, 2026La vida de cada persona atraviesa momentos de cuestionamiento profundo que muchos llaman crisis existenciales, según explica el psicólogo español, Xavier Guix, estas experiencias no son un simple malestar pasajero, sino fases en las que nuestra forma de pensar y sentir cambia de manera significativa. El especialista señala que estas crisis pueden aparecer en distintas etapas de la vida, moldeadas por la edad y las expectativas propias de cada década.
Según el experto, más que episodios aislados, forman parte del desarrollo emocional de las personas y ayudan a replantear prioridades. Aunque no todas son igual de intensas, cada una tiene un impacto diferente según el contexto de quien la vive. Asimismo, indica que la idea de “crisis” no siempre tiene que verse como algo negativo, sino como una oportunidad de crecimiento. Por eso, comprender cuándo y por qué ocurren puede facilitar enfrentarlas con menos confusión y ansiedad.
Los 20 años son, según Guix, una etapa clave porque marcan el comienzo de la adultez con la madurez cerebral recién alcanzada. A esa edad, muchos jóvenes se enfrentan por primera vez a decisiones importantes como la búsqueda de empleo, la independencia económica o la construcción de identidad propia. Esta etapa suele generar incertidumbre y dudas porque el futuro aún no está claro y las opciones parecen infinitas. Para varios, la presión social de “tener todo resuelto” a una edad temprana intensifica el estrés y la sensación de estar atrasado respecto a otros.
En algunos casos, esta presión puede provocar un agotamiento emocional temprano que muchos califican como fracaso, cuando no lo es. No obstante, reconocer que estas dudas forman parte del crecimiento puede ayudar a disminuir su impacto. Por ejemplo, aprender a aceptar que no existe un camino único ni un tiempo fijo para cada logro es fundamental para manejar esta crisis con equilibrio.
Luego, al llegar a los 30, surgen nuevas tensiones relacionadas con el sentido de la vida y las expectativas propias y ajenas. Para muchas personas, esta década trae cuestionamientos sobre la carrera profesional, la relación de pareja y la percepción de haber “logrado lo que se esperaba”. La sociedad actual, con su constante exposición a ideales de éxito y juventud en las redes sociales, puede intensificar la sensación de estar estancado.
El especialista explica que es común que alguien de esa edad sienta que debería tener respuestas claras sobre su futuro o metas concretas, lo que genera ansiedad. Según los expertos, estas preocupaciones reflejan más una comparación social que una necesidad real de logros inmediatos. Por ello, señalan que entender que cada vida sigue un ritmo propio puede aliviar la presión interna y además, es un momento para redefinir objetivos personales sin compararse con los demás.

Posteriormente, cerca de los 40 años, muchas personas experimentan una crisis más interna y silenciosa, vinculada con la identidad. Es un período en el que se cuestiona quiénes somos más allá de etiquetas sociales o roles familiares. El psicólogo Guix menciona que en esta etapa muchas personas empiezan a decir: “Ahora tengo ganas de ser yo”, lo que implica una revaloración de sí mismas. Esto puede surgir tras años enfocados en responsabilidades externas, dejando poco espacio para las propias pasiones o deseos.
En ese sentido, la crisis de identidad no necesariamente surge de un problema específico, sino de la búsqueda de autenticidad. Afrontarla implica escuchar lo que realmente importa en la vida personal, no solo aquello que otros esperan. Es un ejercicio de introspección que, aunque desafiante, puede conducir a una mayor coherencia emocional y satisfacción.
Llegando a los 50 años, las preocupaciones cambian de tono y profundidad, pues combinan la experiencia acumulada con la reflexión sobre el tiempo que pasa. A esta edad, muchos sienten una mezcla de nostalgia por el pasado y miedo al futuro, lo que puede generar un malestar difícil de describir. Guix explica que la mirada sobre la vida se vuelve más selectiva y consciente, con menos tolerancia a aquello que no aporta valor.
Este momento puede ser interpretado como una crisis o como una etapa de claridad, dependiendo de cómo se gestione. En vez de ver los años como un peso, muchos encuentran en esta década la oportunidad de enfocarse en lo realmente significativo. La diferencia principal está en aceptar el paso del tiempo sin resistirlo ni idealizar el pasado. Esta aceptación se vuelve clave para vivir con mayor plenitud.
Finalmente, el psicólogo asegura que el entorno social y cultural también influye de forma importante en la vivencia de las crisis existenciales. La presión por la productividad, la comparación constante en redes sociales y la representación de ideales de juventud pueden intensificar la sensación de insuficiencia o urgencia por “tener todo resuelto”.
En conclusión, estas son algunas de las recomendaciones para afrontar una crisis existencial:
- Reconocer las emociones sin culpa: Sentirse confundido o angustiado no es señal de debilidad, sino una reacción normal ante cambios personales.
- Reducir la comparación social: Medirse constantemente con otros puede afectar la salud emocional y aumentar la sensación de fracaso.
- Hablar de lo que se siente: Compartir las dudas con familiares, amigos o personas de confianza ayuda a aliviar la carga emocional.
- Cuestionar las expectativas impuestas: Revisar si las metas responden a deseos propios o a presiones externas permite mayor claridad personal.
- Cuidar hábitos básicos de salud: Dormir bien, alimentarse de forma adecuada y mantenerse activo favorece el equilibrio mental.
- Buscar apoyo profesional a tiempo: La orientación psicológica brinda herramientas para comprender la crisis y afrontarla de manera saludable.
- Aceptar los cambios como parte del proceso: Modificar planes o prioridades no significa retroceder, sino adaptarse a nuevas etapas.
- Enfocarse en el presente: Evitar la preocupación excesiva por el futuro ayuda a disminuir la ansiedad y el estrés.
- Avanzar con metas pequeñas y realistas: Dar pasos cortos permite recuperar la sensación de control y confianza.
- Entender la crisis como una oportunidad: Estos momentos pueden convertirse en puntos de inflexión para mejorar el bienestar emocional.
Dayineth Isabel Molina Velásquez




