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10 septiembre, 2025Desde el sindicato Sinaltranscop también se advierte sobre persecución laboral, encubrimiento de novedades técnicas y ausencia de zonas dignas de descanso.
En entrevistas concedidas al informativo digital de Colmundo Radio, un conductor del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), identificado como “Pablo” por razones de seguridad, y el representante sindical Henry Kemper Ramírez, vocero de Sinaltranscop, expusieron una serie de denuncias que revelan condiciones laborales precarias, fallas operativas persistentes y presiones administrativas que comprometen la seguridad del servicio y la dignidad de quienes lo operan.
Uno de los testimonios más contundentes provino del operador: “Hay puntos en Bogotá en los cuales no nos autorizan servicios de baño, o nos toca opcionalmente hacer nuestras necesidades en una llanta”, afirmó. Esta situación, lejos de ser excepcional, se repite en rutas circulares donde los tiempos de operación no permiten pausas fisiológicas. Según el sindicato, “la respuesta para autorizar una parada no es inmediata, y el trabajador se puede ver enfrentado a una sanción que afecta su bonificación operativa”.
Las denuncias también apuntan a fallas mecánicas que, según los testimonios, son reportadas por los conductores pero ignoradas por los concesionarios. “Informamos sobre los daños que están presentando los vehículos, y los carros vuelven al otro día a salir de las mismas formas, presentando accidentes”, relató Pablo. “Hemos tenido la mala fortuna de pegarle a la gente, estrellar a la gente, en ocasiones hasta matarla, porque los carros van con el sistema malo de frenos”. El sindicato confirmó que “muchos conductores son presionados para salir con vehículos en mal estado” y que, si reportan fallas, “les levantan presuntas novedades de falsa novedad para afectarles el bono”.
El proceso de alistamiento de los vehículos también fue cuestionado. Según Ramírez, “el mantenimiento preventivo puede fallar por falta de personal, por tercerización y por precarización laboral”. Además, denunció prácticas como el “canibalismo de repuestos”, donde “sacan el repuesto de un lado y lo colocan en otro bus”, lo que compromete la seguridad técnica del sistema. “TransMilenio tiene responsabilidad laboral solidaria”, advirtió, “porque ningún conductor ingresa sin su aval, pero no hay suficiente personal para vigilar que los buses estén en óptimas condiciones”.
Otro punto crítico es la gestión de las jornadas laborales. Aunque la ley contempla una reducción gradual, los conductores siguen enfrentando turnos de más de diez horas, con extensiones de hasta tres horas entre rutas. “No se está aplicando la reducción”, afirmó Ramírez. “Hay tablas partidas donde el trabajador no puede disponer de ese tiempo, pero debe estar disponible para recibir otra ruta”. Esta situación, sumada a la vigilancia mediante cámaras y la imposición de multas por “microsueños”, ha sido catalogada por el sindicato como una forma de persecución laboral. “Ya algunos buses tienen cámaras que detectan si el operador cerró los ojos, y están enviando multas por microsueños”, denunció.
Las consecuencias económicas también recaen sobre los operadores, incluso cuando no son responsables directos de los incidentes. “Mientras hay investigación, el operador ya queda fuera del servicio como persona inoperable”, explicó Pablo. “La empresa hace sus descuentos por inoperabilidad, por tablas perdidas, por tiempo de los buses, kilometrajes y demás. El afectado es el operador, sea o no culpable”.
Las denuncias recogidas por el equipo informativo Colmundo Radio apuntan hacia una serie de responsabilidades que involucra a los concesionarios, a TransMilenio como ente gestor y a las autoridades laborales. El sindicato ha elevado quejas ante el Ministerio de Trabajo, pero advierte que el temor a represalias limita la capacidad de organización de los trabajadores. “Muchos tienen miedo incluso de levantar la mano”, concluyó Ramírez. “Pero nuestras familias también están en el sistema, y merecen un servicio digno”.
JUAN JOYA




