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19 octubre, 2025Le preguntaron a Donald Trump y Marco Rubio qué harán con los dos sobrevivientes del último ataque a un barco en aguas del Caribe. La respuesta fue un silencio elocuente: no supieron absolutamente qué decir, porque sencillamente no tienen una respuesta preparada. Lo que sí tienen entre manos es un problema de dimensiones internacionales con estas dos personas, cuya custodia fue confirmada por fuentes del gobierno estadounidense a medios como The New York Times y Reuters.
El primer elemento que complica el panorama es que el mundo entero está a la espera de saber si estos hombres eran realmente narcotraficantes o simplemente pescadores que transitaban por la zona. Pero más allá de eso, el verdadero dilema jurídico y político es su estatus. No son prisioneros de guerra, porque no existe una guerra declarada contra ningún cartel de la droga, ni contra Venezuela, ni contra Colombia ni ningún país del Caribe. Estados Unidos puede decidir atacar o combatir -como lo hizo en esta operación autorizada por Trump-, pero eso no constituye un conflicto bélico formal.
Entonces, ¿qué harán Trump y Rubio con estos dos detenidos? ¿Los mantendrán prisioneros en un barco de manera indefinida? Esa opción, aunque tentadora para algunos sectores, choca con un marco legal ineludible: la Convención de Ginebra. Los detenidos tienen derecho a ser inspeccionados por la Cruz Roja, a contar con un abogado y a un trato conforme al derecho internacional. Cualquier violación a estas normas tendría costos diplomáticos y legales severos.
Claro está, para ser realistas, a este gobierno no le ha temblado la mano al momento de violar normas internacionales. Baste recordar el trato dado a migrantes encadenados y devueltos a sus países, o aquellos que permanecen “hospedados” bajo la custodia de Bukele en El Salvador. Pero en este caso, las opciones son limitadas: ¿los procesarán en una corte civil?, ¿los enviarán a Guantánamo? Cualquier camino elegido estará lleno de obstáculos legales y políticos.
En conclusión, estos dos sobrevivientes se han convertido en la peor pesadilla para la administración Trump. Representan un riesgo político de magnitudes impredecibles en los próximos meses. Sin una hoja de ruta clara, las improvisaciones de Trump y Rubio podrían evidenciar las limitaciones de su gobierno y desatar un maremoto diplomático sin precedentes. Estamos, sin duda, ante una prueba de fuego para su capacidad de manejar crisis internacionales.
Homberto ‘Toto’ Torres




