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21 mayo, 2026Desde la infancia, muchas personas fueron entrenadas para asociar el error con el rechazo. Cuando algo se hace bien, hay aplausos, caritas felices o medallas; cuando se hace mal, aparecen la corrección, la vergüenza, la culpa o el silencio. Sin que esto se diga de forma explícita, se crece creyendo que equivocarse pone en riesgo el propio valor. Como consecuencia, se deja de intentar o solo se intenta aquello que se sabe que saldrá bien. A eso se le suele llamar ser estratégicos, cuando en realidad muchas veces es miedo disfrazado de sensatez.
Esto se entiende mejor cuando se observa en la práctica. No es una teoría lejana, sino un patrón que se repite en la vida de muchas personas que, al haber asociado su valor con el éxito, terminan evitando el error hasta que enfrentan un quiebre que los obliga a replantearse todo. En ese punto, la experiencia deja de ser una amenaza y puede convertirse en un punto de partida.
“A los 27 años me nombraron director de la revista Maxim en español para Latinoamérica. Por fuera, parecía el mejor trabajo del mundo, pero por dentro estaba completamente vacío. Me había desconectado de lo que realmente me importaba. Esa etapa me llevó a tomar una decisión difícil: renunciar sin tener claro qué venía después. Y lo peor no fue perder el trabajo. Lo peor fue la historia que me conté: no pensé tuve un fracaso, pensé soy un fracasado. Confundí el evento con mi identidad. Esa confusión casi me destruye, pero también me obligó a reconstruirme desde cero”, contó Pablo Jacobsen, creador del podcast Máximo Desempeño, conferencista, coach y quien también se desempeñó como director editorial de la revista SOHO en Colombia.
Quien busca lograr algo significativo sabe que el camino implica incertidumbre, decisiones difíciles y momentos de duda. Entender esto cambia la manera de enfrentar estas situaciones: se vuelve posible experimentar, asumir riesgos y avanzar con mayor claridad. Y aquí está lo más importante: la actitud frente a estos momentos no comienza con las circunstancias, sino con la historia que cada persona se cuenta. Cambiar esa narrativa permite recuperar la capacidad de responder en lugar de reaccionar. Esa transformación no solo redefine la manera de ver los desafíos, sino también la forma en que se entiende la educación.
“Ese es el tipo de pensamiento que hoy quiero inculcarle a mi hija y que considero fundamental en su formación: entender que equivocarse no define quién es, que el error hace parte del aprendizaje y que los momentos difíciles también construyen. Son las experiencias y aprendizajes que vivimos a lo largo de la vida, especialmente después de atravesar momentos complejos, las que terminan moldeando la manera en que queremos educar a nuestros hijos. Por eso, para mí fue clave encontrar un entorno educativo como el Colegio Hacienda Los Alcaparros, donde esta forma de ver la vida no solo se enseñe, sino que mi hija pueda expresarla y vivirla en su día a día”, añadió Jacobsen.
En ese contexto, los colegios cumplen un rol fundamental en la formación de los más jóvenes. Más allá de transmitir conocimiento, se convierten en espacios donde los estudiantes desarrollan herramientas para enfrentar desafíos, tomar decisiones y gestionar la incertidumbre.
Alineado con esa visión, el Colegio Hacienda Los Alcaparros se presenta como un entorno coherente con este enfoque. Al basar su modelo en el aprendizaje activo y la pedagogía de proyectos, los estudiantes construyen conocimiento a partir de la exploración, la toma de decisiones y la reflexión. En este proceso, el error se asume como parte natural del aprendizaje: al aprender haciendo, los estudiantes se equivocan, reflexionan y ajustan, entendiendo que es una oportunidad para mejorar y fortalecer sus resultados. A través de experiencias prácticas y espacios que fomentan la curiosidad, la creatividad y el pensamiento crítico, el colegio impulsa la autonomía y la capacidad de asumir retos. Además, su enfoque en el desarrollo humano fortalece habilidades socioemocionales y promueve una visión en la que los desafíos se integran como parte esencial del crecimiento. Así, forma personas capaces de enfrentar la incertidumbre y construir su camino con criterio y confianza.
En definitiva, la reflexión que plantea Jacobsen cobra especial relevancia para quienes enfrentan momentos de incertidumbre o están cuestionándose si dar el siguiente paso. Más que evitar las dificultades, el reto está en desarrollar la capacidad de aprender de la experiencia y avanzar con mayor claridad. En ese proceso, los entornos educativos juegan un papel clave al formar personas capaces de adaptarse, tomar decisiones y construir su propio camino con seguridad y propósito.
Sala Digital Colmundo




