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29 julio, 2025A pesar de ser un equipo intermitente y que ha ido de menos a más en esta Copa América, Colombia cumplió con lo mínimo: ser finalista y volver a las justas olímpicas.
La Selección Colombia femenina, de manera agónica, consiguió el pase a una nueva final de Copa América, un escenario pensado por muchos, dado que este proceso lleva años jugando junto, y también teniendo en cuenta resultados y superioridad en el continente, donde Colombia ha demostrado en los últimos 8 años solo estar por debajo de Brasil. Aunque no ha sido la Copa América más cómoda, quizá con menos juego y fluidez que hace cuatro años, Colombia le apuesta a la experiencia y la perspicacia de sus líderes para, hasta ahora, repetir final, lo cual tiene un gran mérito, así mismo como asegurar su cuarta participación en unas justas olímpicas.
“Después de que mucha gente no creyó, ver a un país disfrutando un paso a la final, un paso a los Olímpicos, a nosotros nos llena y nos fortalece”, añadió Ángelo Marsiglia.
Una Copa América irregular, con picos altos y bajos
La Selección Colombia está a noventa minutos de conseguir lo que le ha sido tan esquivo en los últimos años: un título, ese al cual somos “alérgicos” en todas las categorías. Con fútbol o sin él, Colombia históricamente no gana títulos, y esta Copa América ha sido un ejemplo de una evolución en personalidad, pero una involución en juego.
La Selección Colombia, con mucho carácter y sentido de pertenencia, ese que se necesita para ganar títulos, eliminó por la vía de los penales a Argentina, alterando al menos en el género un poco la tradición, pues esta es la segunda vez que Colombia deja a la albiceleste a puertas de una final. Con más experiencia y jugadoras cancheras, Colombia le apuesta a esas jugadoras serias, rebeldes y con determinación, como también a la derrota y al antecedente en este tipo de juegos, para levantar por primera vez un título.
Ahora, la mayor preocupación para anteponerse en la final será el juego, el funcionamiento, las formas. Sea quien sea el rival (Brasil o Uruguay), será un partido de suma concentración y estabilidad, factores que no han predominado en Colombia en esta Copa América. La Tricolor no ha logrado establecer una regularidad. Ejemplos de esto son el partido ante Venezuela, donde tanto le costó a Colombia, o los juegos ante Brasil y Argentina, donde en un tiempo fue muy superior, pero en el otro le llegaron, le complicaron y perdió la confianza y claridad en campo contrario.
La falta de gol también preocupa: la Tricolor completó ayer 180 minutos sin anotar, un dato no menor, debido a que genera oportunidades de gol. Así mismo, la rotación también evidencia un mensaje por parte del cuerpo técnico, que no ha logrado encontrar un once sólido y fijo. Esto expresa falencias que intentan resolverse con revulsivos, como el caso de Pavi y Loboá por la banda derecha y los ingresos intermitentes de Catalina Usme.
Colombia anoche en Quito cumplió con el primer objetivo. Ahora, el sábado intentará llegar al punto más alto de su historia. Si hablamos de fútbol femenino, la final será más que un partido y prueba: será algo que va más allá de un simple juego, pues reúne y arrastra una serie de comportamientos, patrones, inseguridades y dogmas que el proceso de Marsiglia y unas líderes de camerino esperan romper en Quito en la gran final.
Alexander Cortés




