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Se cumplen 125 años de la aparición de un libro prodigioso : La Interpretación de los Sueños, de Sigmund Freud.
Al dejar atrás la idea de que solo la racionalidad explica la conducta, Freud abrió el camino para explorar lo inconsciente.
Lo que hoy parece una obviedad, resultaba impactante en ese entonces : los sueños tienen sentido, no son solo fantasías.
Que es exactamente lo que sucede en política cuando los pueblos sistematizan sus aspiraciones y se proclaman como nuevos Estados, libres y soberanos.
Los sueños dejan de ser solo ilusiones y se convierten en propósitos colectivos, metas compartidas y escenarios de cohesión.
Por eso, descifrar los sueños se convierte en la clave para materializarlos, o para petrificarlos.
Si se trata de hallar el significado que tales sueños tienen en lo más profundo del inconsciente histórico, el desafío político se convierte en decisivo.
De hecho, Freud alteró la visión tradicional al sostener que los sueños son la realización enmascarada de deseos reprimidos.
De tal forma, las sociedades hacen diversos esfuerzos por detectar aquellos deseos reprimidos y superar frustraciones que, si se acumulan en desorden, pueden conducir a la violencia crónica y prolongada.
¿ Despojos territoriales ? ¿ Magnicidios ? ¿ Derrotas electorales ? ¿ Despotismo corrupto ? ¿ Terrorismo simbiótico ? ¿ En suma, anocracias ?
En ese sentido, el contenido onírico de la historia patria saca a flote todo aquello que puede explicar las disfunciones sociales y por qué unos sistemas políticos resultan más deseables que otros en función de la satisfacción percibida por el ciudadano.
Y lo saca a flote explorando la estructura simbólica del poder ( populismo, cesarismo y oclocracias vs. poliarquías ).
O mediante la libre asociación de ideas ( culto a la fuerza y glorificación de la guerra vs. rechazo a la violencia como metodología política válida ).
O reconociendo que los impulsos más íntimos y profundos se manifiestan de manera indirecta : la tentación autoritaria ( el culto a la personalidad o a las maquinarias ) vs. el pluralismo, la libertad de elegir y la rendición de cuentas.
En resumen, en cada nación se debaten fuerzas racionales y no solo racionales que inciden sobre la conducta política explicando la relación entre aspiraciones ( pretensiones ) y decisiones ( responsabilidades ).
Eso significa que los sueños nacionales son una expresión inacabada de la identidad política y, también, una valoración de lo que el país fue, de lo que está siendo, de lo que podría llegar a ser y, sobre todo, de los factores que le han impedido serlo.
Así que, como ya se anotaba desde el comienzo, los sueños sociales solo pueden conducirse por dos rutas sociológicas : o se cristalizan mediante la gestión responsable y no violenta de los recursos o, sencillamente, explotan y se petrifican.
vicentetorrijos.com

