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22 enero, 2026La licitación para construir la segunda línea del Metro de Bogotá fue declarada desierta luego de que ninguna de las empresas precalificadas presentara ofertas dentro del plazo fijado. La decisión, confirmada por la Empresa Metro de Bogotá y el alcalde Carlos Fernando Galán, detuvo temporalmente la contratación de una de las obras de transporte más ambiciosas de la capital y abrió un nuevo debate político y técnico en el Concejo Distrital.
En entrevista con el informativo digital Colmundo, el concejal José Cuesta Novoa calificó la situación como una “pérdida de tiempo y de recursos públicos” y sostuvo que el fracaso de la licitación estaría ligado, en parte, a la manera como se estructuró la primera línea del metro, elevada.
“El problema central es la interoperabilidad entre la primera y la segunda línea”, afirmó Cuesta, al recordar estudios de la Sociedad Colombiana de Ingenieros que, según él, advirtieron desde hace años dificultades para conectar ambos trazados.
El cabildante explicó que la primera línea termina en la calle 72, a unos 20 metros de altura, mientras que la segunda comenzaría varias cuadras más adelante, bajo tierra. De acuerdo con los cálculos citados en la entrevista, una persona mayor o con movilidad reducida podría tardar hasta 20 minutos en hacer ese recorrido, lo que, a su juicio, haría menos atractivo el sistema y habría influido en la decisión de tres de los cuatro proponentes iniciales de retirarse del proceso.
Cuesta aseguró que trasladó estas inquietudes al alcalde Galán y preguntó públicamente por las razones que llevaron a la salida de la mayoría de los oferentes. También señaló que los costos para resolver ese punto de conexión podrían haber pesado en los análisis financieros de las empresas interesadas.
Retrasos, costos y responsabilidades
Durante la conversación, el concejal insistió en que la ciudad ya habría perdido al menos dos años en la estructuración de la licitación y pidió conocer cuánto dinero público se invirtió en los estudios que sirvieron de base para la convocatoria.
Además, advirtió que nuevos aplazamientos podrían traducirse en sobrecostos y mayores riesgos para la transparencia del proyecto. En su opinión, la oferta técnica inicial fue “débil”, lo que habría generado incertidumbre entre los proponentes sobre la viabilidad financiera y administrativa de la obra.
Cuesta también planteó inquietudes sobre un posible cambio en el diseño de la Línea 2, al señalar que la caída del proceso podría abrir la puerta a replantear su carácter subterráneo. A su juicio, ese escenario merece un debate público amplio, dado que la línea fue concebida como complemento esencial del sistema.
Cabe resaltar que desde la Alcaldía y la Empresa Metro de Bogotá se reiteró que el proyecto sigue siendo prioritario. Tras declarar desierta la licitación, el Distrito anunció que el proceso internacional se reabrirá en febrero de 2026, con la expectativa de adjudicar el contrato en el primer trimestre de 2027.
La Línea 2 es considerada clave para ampliar la cobertura del sistema y aliviar la congestión en corredores estratégicos, por lo que su retraso ha intensificado la discusión sobre la planeación de la infraestructura en Bogotá.
Mientras el Distrito prepara una nueva convocatoria, el Concejo anunció que mantendrá el control político sobre el proyecto. Para Cuesta Novoa, el episodio deja una lección clara: “si no se corrigen los problemas de fondo en el diseño y la articulación del sistema, los retrasos y los costos podrían seguir aumentando”.
Paola Andrea Martínez Burgos




