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La Hidra de Lerna era ese monstruo de muchas cabezas a la que Hércules tuvo que enfrentar en su segunda tarea.
Vivía en un pantano lleno de gases venenosos desde donde emprendía sus devastadores ataques por doquier.
Ataques que encomendaba a sus tentáculos, asignándoles diferentes misiones al mismo tiempo.
De hecho, era un vivo ejemplo de guerra híbrida, asimétrica, multidominio y simbiótica.
En la práctica, su guerra interminable y subsidiaria ( mediante proxies, o terceros ) se basaba en la habilidad para someter a sus víctimas a amenazas simultáneas múltiples, altamente estresantes y, por ende, existenciales.
Tales organizaciones no estatales ( como Hamás, los hutíes, o Hizbolá ), bien financiadas y pertrechadas por Irán, propinaban golpes terroristas recurrentes sin que ellos, los iraníes, como perpetradores originales, se vieran directamente comprometidos, esto es, haciendo muy difícil que se les atribuyera cualquier responsabilidad.
Entonces, Hércules decidió que, en vez de contener a la hidra mediante castigos intermitentes, había llegado el momento de enfrentarla vis-à-vis, o sea, cara a cara, abierta y contundentemente.
Pero, como era de esperarse, la iniciativa estratégica no resultaba fácil. Cada vez que cortaba una de las cabezas satélites, ellas se reproducían, multiplicándose, haciendo relativamente estéril el esfuerzo.
Ante un panorama tan sombrío, confrontando a una mezcla de extremismo, fundamentalismo y terrorismo, Hércules comprendió que, más allá de la conjuntez con la que operaba, requería combinar sus capacidades, haciéndolas interoperables con las de su pariente Yolao quien, compartiendo su tecnología e inteligencia estratégica, se encargó -tácita y subrepticiamente- de las operaciones periféricas, de las aproximaciones indirectas, para que Hércules, sin ambage alguno, pudiera asestar el golpe decisivo.
Es de suponer que, antes de ejecutar tales acciones, Yolao le plantease a la Hidra un acuerdo negociado para que renunciara oportunamente a sus pretensiones, evitando su devastación.
Probablemente, Yolao le impuso a su adversario un ultimátum de 60 días para lograr un compromiso, pero, al constatar que esa diplomacia coercitiva también resultaba infructuosa, pasó a la siguiente fase, siempre en el marco de buscar « la paz mediante la fuerza ».
En consecuencia, él se encargó de cauterizar cada cuello de la Hidra a medida que Hércules cercenaba las cabezas, impidiendo así que se expandiera el poder satelital y reticular de los fanáticos antisemitas.
Con ello, el aliado de Hércules eliminó las defensas antiaéreas de Teherán, anuló sus principales instalaciones misilísticas y rompió la conectividad funcional entre el patrocinador y sus apoderados.
Así las cosas, Hércules se sintió lo suficientemente facultado para cortar de un solo tajo la cabeza original de la hidra y bombardeó las instalaciones nucleares iraníes, vaporizando las capacidades destructivas esenciales de su antagonista crítico.
Por supuesto, Hércules, vulnerable pero invencible, sufrió heridas considerables, pero logró sepultar al engendro.
Lo que pasa es que lo hizo, no sin antes embadurnar sus flechas con los exudados del monstruo, asimilando bien las lecciones aprendidas y perfeccionando su capacidad de lanzar, posteriormente, ataques preventivos y anticipados … tan preservativos como exitosos.
vicentetorrijos.com

