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La coalición política La Fuerza de las Regiones vive una semana de reordenamiento tras el anuncio de Juan Guillermo Zuluaga de su retiro de la carrera presidencial y la salida previa de Héctor Olimpo Espinosa. La dimisión de Zuluaga, formulada en una carta pública, pretende concentrar el juego interno: el exgobernador del Meta renunció a su precandidatura y dijo que apoyará “al aspirante que resulte vencedor en el mecanismo interno del movimiento”. Ese gesto, según sus propias palabras, busca reducir la dispersión del voto en la centroderecha.
En su misiva, Zuluaga explicó que su decisión responde a lo que describió como una fragmentación creciente: “hay casi un centenar de precandidatos, que están generando confusión”, escribió, y añadió que es necesario evitar la dispersión del sufragio. Además, expresó su inquietud por el avance de lo que llamó las “políticas petristas”, y planteó su renuncia como un paso para facilitar una definición clara dentro de la coalición.
La disputa por el método de escogencia del candidato único fue el detonante visible de la crisis. Zuluaga advirtió que circulaban iniciativas para cambiar el mecanismo acordado, sustituyendo la encuesta interna pactada por un promedio de sondeos públicos; en su apunte insistió en “cumplamos lo acordado como pactamos”, y sostuvo que cualquier modificación inesperada erosionaría la credibilidad del proceso interno. Esa desconfianza sobre las reglas del juego terminó por tensionar relaciones que venían resquebrajadas por semanas de negociaciones y mediciones.
La tensión escaló cuando Héctor Olimpo Espinosa propuso aplazar la encuesta interna hasta el 30 de enero de 2026, justo antes del cierre de inscripciones para la consulta interpartidista de marzo. Para varios miembros del movimiento, esa propuesta fue interpretada como un giro que alteraba el cronograma convenido; Zuluaga la rechazó por considerarla una ruptura del acuerdo original, y las recriminaciones públicas se multiplicaron en el intercambio entre dirigentes regionales.
La fractura se consolidó con la exclusión pública de Espinosa por parte de algunos socios del bloque —entre ellos Zuluaga, Aníbal Gaviria y Juan Carlos Cárdenas— y la decisión de Espinosa de continuar su ruta por fuera de la coalición. Pese a su salida del movimiento, Espinosa formalizó su proyecto presidencial: entregó 1,7 millones de firmas a la Registraduría y completó su inscripción como candidato independiente, defendiendo que la “causa de las regiones está por encima de cualquier diferencia política” y que esas firmas representan un respaldo ciudadano que lo habilita a seguir en la contienda.
Con las renuncias y la candidatura independiente de uno de los exlíderes, la conducción práctica de la Fuerza de las Regiones recae en Aníbal Gaviria y en Juan Carlos Cárdenas. Ambos tienen ahora la tarea de recomponer la coalición, asegurar reglas claras para la denominada “consulta entre independientes” prevista para marzo de 2026 y recuperar un margen de credibilidad ante electores regionales que observan fracturas internas que podrían diluir su capacidad de disputar espacios frente a las candidaturas consolidadas.
Las salidas dejan a la coalición con preguntas operativas y políticas: cómo blindar el mecanismo de selección acordado; cómo integrar a aspirantes que desconfían de los procesos internos; y cómo mantener la propuesta central del movimiento —transferir poder y protagonismo hacia las regiones— cuando dos de sus figuras fundacionales han optado por abandonar el cauce colectivo. La dinámica de los próximos días será decisiva para definir si Gaviria y Cárdenas logran reconstruir un frente regional competitivo o si las tensiones recientes terminan por reorientar a buena parte del electorado hacia candidaturas fuera del bloque.
En lo inmediato, la Fuerza de las Regiones enfrenta un calendario apretado: definir cronograma y metodología, comunicar garantías de transparencia y convocar con rapidez a las fuerzas territoriales que aún estén dispuestas a apostar por la vía colectiva. La fragmentación anunciada por Zuluaga y la candidatura independiente de Espinosa transforman el tablero electoral regional y obligan a los líderes restantes a acelerar decisiones operativas que hasta ahora venían resolviéndose a puerta cerrada.
Juan Joya




