¿Cómo la tecnología puede ayudar a mitigar los efectos de un desastre de tal magnitud?
Las autoridades japonesas han emitido una advertencia crítica sobre la posibilidad de un megaterremoto en la fosa de Nankai, una de las regiones tectónicas más activas del mundo. Según las proyecciones presentadas por un grupo de trabajo gubernamental, se prevé que unas 298,000 personas podrían perder la vida en un evento de esta magnitud. La cifra, aunque alarmante, representa una reducción del 10 % en comparación con las cifras estimadas en 2012, atribuidas a los avances y esfuerzos de mitigación implementados en la última década. Sin embargo, el riesgo sigue siendo significativo, particularmente para las comunidades costeras vulnerables.
El informe del gobierno del país nipón resalta que el 72 % de las víctimas potenciales, unas 215,000 personas, podrían fallecer como consecuencia de tsunamis, una amenaza directa posterior al terremoto. Las proyecciones también indican que solo el 20 % de los habitantes de las zonas afectadas evacuaría a tiempo, lo que pone de manifiesto la necesidad de mejorar la velocidad de las evacuaciones. El gobierno japonés ha reconocido este desafío e intensificará las medidas para aumentar la conciencia y reducir el tiempo de respuesta ante emergencias, clave para salvar vidas en un escenario de desastre.
https://twitter.com/dw_espanol/status/1906650610532843648
Además de las pérdidas humanas, se estiman daños económicos devastadores. Las cifras presentadas en el informe estiman que los costos totales ascenderían a 270 billones de yenes (1,796 billones de dólares), un aumento considerable respecto a los 214 billones de yenes (1,32 billones de euros) estimados años atras. Se espera que el impacto incluya la destrucción total de aproximadamente 2,35 millones de edificios y graves interrupciones en la infraestructura crítica. Estas cifras marcan la necesidad crítica de robustecer las estrategias de prevención y resiliencia en todas las regiones afectadas.
El escenario más devastador anticipado considera un terremoto de magnitud 9 durante una noche de invierno, lo que agravaría las pérdidas humanas y materiales. La región de Tokai, ubicada a lo largo de la costa del océano Pacífico, sería una de las más afectadas. A esto se suma la posibilidad de “muertes relacionadas con desastres”, que podrían oscilar entre 26,000 y 52,000, derivadas de problemas de salud en refugios, deterioro de las condiciones de vida y el colapso de servicios básicos durante la fase de recuperación.
Un total de 764 municipios en 31 de las 47 prefecturas de Japón podrían sufrir temblores de al menos nivel seis en la escala sísmica japonesa, con olas de tsunami superiores a los 3 metros de altura. Este nivel de destrucción abarca una vasta región y pone en evidencia la enorme complejidad que implica coordinar una respuesta efectiva en términos de rescate, evacuación y reconstrucción. Las comunidades más vulnerables enfrentan desafíos significativos para adaptarse y prepararse ante un eventual desastre.
Ante este panorama, el gobierno japonés está trabajando en una actualización de su plan de prevención de desastres, priorizando áreas con mayor riesgo de inundaciones. Este plan también busca incorporar nuevas tecnologías y enfoques para reforzar la infraestructura crítica y las capacidades de evacuación. Además, se desarrollará un plan de resiliencia para el periodo fiscal 2026-2030, diseñado para mejorar las condiciones de respuesta y recuperación ante futuros eventos catastróficos.
La fosa de Nankai ha sido históricamente escenario de terremotos de magnitud 8 o superior, con un intervalo de recurrencia de entre 100 y 200 años. Este fenómeno geológico conecta la bahía de Suruga (Shizuoka) con el mar de Hyuga (Kyushu), un recordatorio constante de los peligros que enfrenta Japón debido a su presencia en el “Cinturón de Fuego” del Pacífico. A pesar de los avances en prevención y mitigación, el país sigue enfrentando el desafío de equilibrar el desarrollo urbano con la necesidad de proteger a su población de los sismos
Juan Joya