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23 julio, 2025Decenas de familias del corregimiento de Ampudia, en Jamundí, huyeron tras los fuertes enfrentamientos.
Más de 60 familias del corregimiento de Ampudia, en zona rural del municipio de Jamundí (Valle del Cauca), abandonaron sus hogares entre la noche del martes 22 y la madrugada del miércoles 23 de julio, en medio de una intensa confrontación armada entre tropas del Ejército Nacional y el frente Jaime Martínez, una estructura de las disidencias de las FARC. El cruce de fuego se prolongó por varias horas y se extendió hacia otras zonas como el corregimiento de San Antonio y las veredas El Guabal, La Liberia, La Meseta y Villanueva.
Los primeros reportes de explosiones, ráfagas de fusil y movimientos de tropas se conocieron en la madrugada del 23 de julio. Según las autoridades, los enfrentamientos comenzaron cuando unidades del Ejército desarrollaban operaciones de control territorial y fueron atacadas por integrantes de las disidencias armadas. En el lugar se emplearon artefactos explosivos improvisados y drones cargados con explosivos, una táctica que viene siendo utilizada cada vez con mayor frecuencia por estos grupos ilegales.
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El ataque con drones dejó un saldo trágico: un soldado profesional identificado como el dragoneante Juan Gabriel Sarria, oriundo de Roldanillo (Valle del Cauca), perdió la vida tras la explosión de uno de estos dispositivos. Además, dos menores de edad resultaron heridos por esquirlas mientras se encontraban en una vivienda en la vereda Bellavista. Los niños fueron trasladados a centros asistenciales en Jamundí y Cali, y se encuentran bajo observación médica.
Las escenas de pánico se apoderaron de la comunidad. Según testimonios recogidos por medios locales, los habitantes abandonaron sus casas en medio de la noche, sin tener claridad sobre el rumbo ni condiciones mínimas para desplazarse. “Nos tocó salir con lo que teníamos puesto. Íbamos con los niños en brazos, corriendo entre la montaña”, relató una residente de Ampudia a Caracol Radio. Algunos pobladores se refugiaron en casas de familiares en Jamundí urbano, mientras otros fueron acogidos por comunidades vecinas.
La Alcaldía de Jamundí activó un puesto de mando unificado (PMU) para coordinar la atención a los desplazados, y el Ejército aseguró que continuará desplegado en la zona para garantizar la seguridad y evitar el avance de las disidencias. El coliseo Alfaguara fue habilitado como centro de atención humanitaria, donde se han entregado kits de aseo, alimentos y colchonetas a las familias afectadas.
El uso de drones con carga explosiva, como el empleado en este ataque, representa una amenaza creciente para las tropas y la población civil. Las imágenes de uno de los ataques fueron difundidas por las mismas disidencias en redes sociales, donde se observa la caída de un artefacto sobre instalaciones militares. Según reportes de prensa, estos dispositivos están siendo adaptados para cargar explosivos de mediano alcance y son operados desde áreas boscosas por miembros del frente Jaime Martínez.
Las autoridades han confirmado que el objetivo de estos grupos armados sería consolidar rutas del narcotráfico que cruzan por la zona rural de Jamundí hacia el Pacífico, utilizando áreas de difícil acceso en los Farallones de Cali. A pesar de los operativos militares, la presencia de las disidencias se ha mantenido en varias veredas del municipio, generando constantes amenazas, extorsiones y confinamientos.
Ante la crisis humanitaria, la Defensoría del Pueblo y organismos de socorro evalúan la magnitud del desplazamiento y las necesidades más urgentes de las familias afectadas. Líderes sociales advierten que la población civil sigue atrapada en medio del conflicto, y que la atención estatal ha sido insuficiente. “Esto no es nuevo, pero ahora usan drones, y la gente tiene miedo hasta de dormir en su casa”, señaló un vocero comunitario de la zona.
La situación en Jamundí se suma a una serie de hechos violentos recientes en el suroccidente del país, donde las disidencias continúan desafiando la presencia del Estado, mientras las comunidades rurales enfrentan las consecuencias directas del recrudecimiento del conflicto armado.
Juan Joya




