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17 febrero, 2026Irán y Estados Unidos celebran este martes una segunda ronda de negociaciones nucleares indirectas en Ginebra, en un contexto marcado por presiones militares de Washington y maniobras navales de Teherán en el estratégico estrecho de Ormuz. El diálogo se desarrolla bajo la advertencia explícita de una posible acción militar estadounidense si no se alcanza un acuerdo.
La delegación iraní está encabezada por el ministro de Exteriores, Abás Araqchí, mientras que el equipo estadounidense lo lideran el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y Jared Kushner, yerno del presidente Donald Trump. El encuentro se realiza en la embajada de Omán en Ginebra, con la mediación del canciller omaní Badr bin Hamad al Busaidi, debido a que Teherán mantiene su negativa a sostener reuniones directas con Washington.
Posturas enfrentadas y líneas rojas inamovibles
Esta cita es la segunda tras la reanudación de los contactos el 6 de febrero en Mascate y representa el primer proceso sostenido de diálogo desde la guerra de los 12 días de junio.
Las diferencias siguen siendo profundas. Irán rechaza un esquema de enriquecimiento cero y se niega a aceptar restricciones a su programa de misiles balísticos, al considerar que comprometerían su capacidad defensiva. En contraste, Washington insiste en límites estrictos al desarrollo nuclear iraní como condición para cualquier alivio de sanciones.
Teherán ha manifestado disposición a diluir 440 kilos de uranio enriquecido al 60 % —nivel cercano al uso militar—, pero condiciona esa medida a que Estados Unidos avance en negociaciones concretas para levantar las sanciones económicas.
Advertencias de intervención militar y despliegue naval
Las conversaciones avanzan bajo la presión directa del presidente Trump, quien aseguró que participará de manera indirecta en el proceso y calificó las negociaciones como decisivas. El mandatario reconoció la firmeza iraní en la mesa, pero expresó su intención de alcanzar una salida diplomática.
No obstante, dejó claro que si no hay acuerdo, Estados Unidos podría optar por una intervención militar, incluyendo el eventual uso de bombarderos estratégicos B-2 para neutralizar la capacidad nuclear iraní.
En paralelo, Washington ordenó el envío del portaaviones USS Gerald R. Ford a Oriente Medio, donde ya opera una flota considerable. El despliegue busca aumentar la presión estratégica sobre Teherán. Cabe recordar que Estados Unidos bombardeó tres instalaciones nucleares iraníes durante la confrontación de junio con Israel.
Ejercicios militares en el estrecho de Ormuz
Como respuesta, la Guardia Revolucionaria iraní realizó maniobras navales en el estrecho de Ormuz, punto por donde transita cerca del 20 % del petróleo mundial. Teherán ha advertido en varias ocasiones que podría cerrar este paso marítimo en escenarios de escalada con Occidente.
El cuerpo militar aseguró que los ejercicios se centraron en fortalecer la capacidad de reacción rápida ante amenazas externas y en aprovechar la posición geopolítica de Irán en el golfo Pérsico y el mar de Omán.
Un momento crítico para la República Islámica
Estas negociaciones se desarrollan en uno de los periodos más delicados para la República Islámica en 47 años, tras protestas masivas que dejaron miles de muertos y que cuestionaron el sistema instaurado en 1979 por el ayatolá Ruholá Jomeiní.
El resultado de esta ronda en Ginebra podría marcar un punto de inflexión para el programa nuclear iraní y para la estabilidad regional. Diplomacia, sanciones y poder militar avanzan simultáneamente en una de las crisis más sensibles de Oriente Medio.
Humberto ‘Toto’ Torres




