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9 agosto, 2025El presidente rechaza el uso de fuerza militar extranjera en América Latina y destaca la colaboración de Venezuela en zona de frontera.
Con una frase que no tardó en levantar controversia, el presidente Petro afirmó que: ‘Venezuela y Maduro nos han ayudado a derrotar el narcotráfico en la frontera con decisión’, reactivando el debate sobre los aliados en la lucha contra el crimen. Una reacción a la orden ejecutiva del expresidente estadounidense Donald Trump, que instruye al Pentágono a desplegar fuerzas armadas contra cárteles latinoamericanos. Petro, desde su cuenta en X, rechazó la medida y defendió la autonomía judicial en el continente: “La justicia debe ser independiente del gobierno, desde Alaska hasta la Patagonia”.
El mandatario colombiano también se refirió a las críticas del analista Rodrigo Uprimny, quien calificó como “injerencia imperialista” las declaraciones de funcionarios estadounidenses sobre el proceso judicial contra el expresidente Álvaro Uribe. Petro retomó ese argumento para reforzar su postura frente a la intervención extranjera: “No estoy de acuerdo en que se derrame sangre latinoamericana por imposición”.
Las palabras de Petro contrastan con años de acusaciones contra el gobierno de Nicolás Maduro por presuntos vínculos con grupos armados ilegales como el ELN. Informes de inteligencia, ONG y medios internacionales han documentado la presencia de esta guerrilla en estados fronterizos venezolanos, donde operan como retaguardia para el tráfico de drogas y minerales. Sin embargo, desde el inicio del gobierno Petro, Venezuela ha sido reconocida como país garante en los diálogos de paz con el ELN, lo que ha reconfigurado su papel en la región.
La ambigüedad del rol venezolano ha sido objeto de análisis. Mientras sectores señalan que el ELN actúa como fuerza de control territorial en zonas remotas, otros respaldan los choques entre facciones guerrilleras y la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, especialmente en Apure. Investigaciones como las de Insight Crime han documentado operaciones conjuntas entre militares venezolanos y frentes guerrilleros, lo que complica aún más la narrativa oficial.
Paralelo a esto, el gobierno estadounidense ha elevado la recompensa por información que conduzca al arresto de Nicolás Maduro, pasando de 25 a 50 millones de dólares. Una muestra más de la tensión diplomática y pone en entredicho la viabilidad de una cooperación regional sostenida en medio de acusaciones cruzadas.
La postura de Petro abre un debate sobre los límites de la diplomacia pragmática. ¿Es posible reconocer avances en la lucha contra el narcotráfico sin ignorar los antecedentes de complicidad estatal con economías ilegales? ¿Puede Colombia sostener una política exterior basada en contrapesos sin ceder ante presiones geopolíticas?
Decir que Venezuela ha ayudado a combatir el narcotráfico suena útil, pero también genera preguntas incómodas. ¿Se puede confiar en un gobierno que ha sido señalado por apoyar a grupos subversivos? Petro defiende la idea de que Colombia debe tomar sus propias decisiones y cuidar su justicia sin presiones externas. Pero para que esa postura tenga peso, también hay que ser coherente: luchar contra el crimen exige claridad, transparencia y responsabilidad. El reto ahora está en encontrar un punto de equilibrio, donde se puedan hacer acuerdos sin perder de vista lo que está mal. y que esto no termine por debilitar la confianza del país ante el mundo.
Juan Joya




