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Homero ideó el nombre de su personaje porque significa “sufrimiento y dolor”.
Ulises ( Odiseo ) tuvo que emprender un viaje de 20 años plagado de padecimientos.
Puesto que el viaje empezó luego de la guerra de Troya, ese viaje fue el fruto de una experiencia estremecedora.
Regresar a casa se convirtió en eso, una verdadera Odisea, una sarta de peligros.
En pocas palabras, antes, durante y después, el recorrido fue un drama absoluto.
Por esa razón, un perspicaz psiquiatra español, J. Achotegui, ha dado en el clavo al hablar de “Síndrome de Ulises”.
Y lo ha hecho para estudiar integralmente la dura condición de los migrantes obligados a serlo.
No se trata de quien por voluntad propia y con perspectivas claras hace su vida en otro sitio, fuera de la patria ( la tierra de los padres ).
Se trata de quienes, por una razón u otra, se ven compelidos a dejarlo todo atrás y darse a la tarea de sobrevivir y estabilizarse.
Aún así, hasta los migrantes exitosos pueden sentir “morriña” ( en gallego ) - “saudade” ( en portugués ), esa nostalgia y melancolía que conmueve profundamente en la distancia.
De hecho, casi el 4 por ciento de la población mundial ( 280 millones) viven fuera de sus países.
Muchos de ellos escapando de grupos terroristas, de régimenes patrocinadores del terrorismo, movidos por el afán de riqueza, por esnobismo, por crecimiento científico y profesional o, simplemente, por amor.
Y cuando la situación se hace escabrosa, asfixiante y angustiosa, sobreviene un cuadro deprimente ( ¿ patológico ? ) signado por el pánico, el dolor y el duelo.
Incertidumbre, soledad, tristeza, agobio, aturdimiento, persecución, marginación, exclusión, condena, estigma, glotofobia.
Incluso podría pensarse en jerarquizar todas estas sensaciones para crear lo que llamaríamos un ‘índice de desconexión crítica’.
Entonces, los estresores multiplican el desconcierto diario, agudizando la pérdida.
Desempleo, ausencia de oportunidades, indefensión legal o vulnerabilidad, abuso, violación y explotación se convierten en tenazas cotidianas.
Por supuesto, la adversidad se traduce en tensión corporal, fatiga, insomnio, cefaleas, ansiedad, depresión, y problemas digestivos.
En consecuencia, se habla de hasta siete tipos de duelo que se agudizan en función de las contrariedades padecidas.
( 1 ) Pérdida de la familia ; ( 2 ) de los seres queridos, ( 3 ) de estatus social ; ( 4 ) del terruño ; ( 5 ) de la lengua ( aún si el idioma es el mismo ) ; ( 6 ) de las claves culturales, y ( 7 ) del grupo de pertenencia.
Cuestiones que pueden resultar incontrolables si no hay facilidades para lograr la asistencia médica adecuada y oportuna.
Por tanto, este “duelo migratorio extremo” pasa a ser un verdadero problema sociopolítico al que hay que reconocer como tal, sin eufemismos ni ideologías.
Porque es ahí en donde, esencialmente, reside el Síndrome de Ulises en todo su esplendor.
vicentetorrijos.com

