
Caso Harold Aroca: envían a prisión al segundo implicado del asesinato
28 noviembre, 2025
Sebastián Villa, uno de los más buscados del fútbol argentino: ¿llegará a River Plate?
29 noviembre, 2025🌐 ASTROLABIO # 337 – VIERNES, 28 DE NOVIEMBRE DEL 2025
La coercitiva se basa en buscar “la paz”, la estabilidad, mediante la fuerza.
La dilatoria busca mantener el statu quo mediante promesas.
El campeón mundial de la coercitiva es Donald Trump. El de la dilatoria es Nicolás Maduro.
Utilizando la diplomacia coercitiva, Trump ha desactivado ocho conflictos armados y lo está intentando ahora mismo en Gaza ( 20 puntos ) y Ucrania ( 28 puntos ).
Por su parte, y gracias a la diplomacia dilatoria, Maduro ha logrado permanecer en el poder en Venezuela durante 12 años.
Lo cierto es que en estos momentos, las dos modalidades vuelven a enfrentarse. Trump busca superar los escenarios del 2019, y Maduro busca sortear el nuevo desafío en el Caribe.
Por lo visto, la Casa Blanca ha decidido dar el salto hacia el uso gradual de la fuerza para llevar al régimen venezolano al extremo.
A su vez, Maduro echa a andar una táctica del “puerco espín” agazapándose y confiando en las púas sociales y militares con que cuenta.
Por supuesto, esa llamada al pueblo en armas supone una especie de resistencia solidaria tipo Vo Nguyen Giap ( en Vietnam ), para que Washington se inhiba de lanzar una operación al estilo “Justa Causa” ( 1989 ), o “Martillo de Medianoche” ( 2025 ).
Para lograrlo, lo primero que el régimen busca es evitar que Washington encuentre un detonante como el que podría surgir de una operación de “falsa bandera”.
Así que, recurriendo a la historia, la principal preocupación de Caracas reside en evitar que se produzca un incidente basado en conjeturas como sucedió con el Acorazado Maine ( 1898 ), o el Golfo de Tonkin ( 1964 ).
Puesto que la diplomacia dilatoria contempla una combinación de mecanismos de poder duros y suaves ( como sucede también con la coercitiva ), la antedicha táctica del puerco espín no resulta suficiente.
En la práctica, lo verdaderamente esencial de la dilación es plantear promesas, ilusiones, esperanzas que atrapen al oponente, lo seduzcan, y lo arrastren durante meses, o años, a ensayar fórmulas de aproximación, diálogo y negociación consiguiendo así que la curva de intensidad del conflicto caiga en gradual desescalada.
Esta ‘espiral dialógica’ resulta altamente rentable hasta que el rival descubre que se trata de simple manipulación o engaño, solo que, para entonces, la euforia y la tentación del uso de la fuerza se habrán diluido.
De tal forma, lo que logra el dilatador es elevar cada vez más los costos de que su adversario haga uso de la fuerza, buscando en cada ciclo que los cambios en el entorno político vuelvan a serle favorables.
Así las cosas, ¿ cuáles podrían ser las maniobras dilatativas que aún podría emprender Maduro para contener el frenesí cinético del Comando Sur basado en la unidad de criterios Rubio – Hegseth – Vance ?
Primero, buscar nuevos tratos con la oposición ( real o inducida ) para convocar a nuevas elecciones, bajo la premisa de que cese el asedio norteamericano y se levante todo tipo de bloqueo o sanciones económicas.
Pero es poco probable que una situación como ésta supere la aprensión que ya existe acerca del comportamiento electoral del régimen.
Segundo, la convocatoria a una mediación internacional de muy alto nivel para establecer con la oposición un mecanismo de alternancia presidencial ( la típica fórmula de compartir el poder ).
Pero esta alternativa no pasaría de ser considerada como una contradicción esencial, una suerte de oxímoron impracticable : ¿ Venezuela sería una ‘autocracia democrática’, o una ‘democracia autocrática’ ?
Y tercero, la conversación entre delegados, o, más aún, cara a cara, entre los jefes de Estado.
Pero no parece plausible que este foro se dé, a menos que se trate de establecer en pocas horas las condiciones para la “salida digna” de Maduro ( ¿ hacia Rusia ? ) levantando las recompensas preestablecidas y siguiendo la lógica del Sha de Irán, Reza Pahlavi ( 1979 ), o de Bashar al Assad, de Siria ( 2024 ).
En resumen, la confrontación entre estas dos macrotendencias diplomáticas es la forma más adecuada de entender el futuro inmediato de lo que sucede en el Caribe.
Tanto Maduro como Trump son los mejores exponentes de cada campo en el mundo entero.
Solo la perspicacia estratégica en la interoperabilidad con los aliados, la coherencia en la concentración de poder, y la anticipación racional para el manejo de las capacidades, inclinarán finalmente la balanza.
vicentetorrijos.com

