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4 diciembre, 2025Las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en las que sugirió la posibilidad de ataques terrestres en Colombia como parte de su estrategia antidrogas, han encendido alarmas en el país. El profesor Enrique Prieto, experto en derecho internacional, analizó el alcance y las implicaciones de estas afirmaciones, subrayando que, aunque un escenario militar es altamente improbable, sí existen riesgos diplomáticos y económicos que Colombia debe vigilar con atención.
Según el profesor Prieto, las palabras de Trump representan un giro inquietante en la política exterior estadounidense hacia la región. “Son declaraciones preocupantes porque nos vinculan a Venezuela”, explicó. Hasta ahora, la presión norteamericana se concentraba allí, pero ahora la narrativa también se dirige hacia Colombia.
Aunque el experto insiste en que entre las palabras y los hechos suele haber una distancia considerable, señala que estas advertencias podrían trasladarse del ámbito militar al económico. Trump, recordó, ha usado en otras ocasiones el argumento antidrogas para imponer aranceles, como ocurrió con México y Canadá. “Un alza arancelaria contra Colombia sería más probable que una intervención militar”, afirmó.
Prieto también se refirió al debate jurídico que subyace a las declaraciones de Trump. Mientras el derecho internacional prohíbe que un país ataque a otro afectando su integridad territorial, Estados Unidos viene interpretando el artículo 51 de la Carta de Naciones Unidas bajo la figura de la “defensa preventiva”. Bajo ese argumento, Washington sostiene que los carteles representan una amenaza directa a su seguridad nacional y puede actuar incluso fuera de su territorio.
“La narrativa jurídica de Estados Unidos es que no atacarían a Colombia, sino a grupos terroristas ubicados en su territorio”, explicó Prieto. Para Colombia, en cambio, cualquier acción armada vulneraría su soberanía, lo que plantea una colisión de argumentos jurídicamente preocupante.
Llamado a la calma y a la diplomacia
Prieto insistió en que, más allá de la alarma generada por las declaraciones cruzadas entre Trump y el presidente Gustavo Petro, la prioridad debe ser rebajar tensiones y manejar los canales diplomáticos. “Es fundamental evitar respuestas impulsivas. Colombia ha superado antes diferencias políticas con Estados Unidos y debe seguir haciéndolo”.
Frente a la frase de Petro “despertará el jaguar”, el académico advirtió que el uso de redes sociales no reemplaza la diplomacia tradicional, que ha demostrado ser más eficaz en escenarios críticos.
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¿Qué pasaría si Estados Unidos actuara militarmente?
Aunque lo considera improbable, Prieto explicó que, ante un hipotético ataque, Colombia podría recurrir a instancias diplomáticas y multilaterales:
• Acudir al Consejo de Seguridad de la ONU para solicitar medidas que prevengan daños mayores.
• Activar mecanismos en la OEA para denunciar vulneraciones a la soberanía.
• Promover medidas cautelares ante la CIDH si hubiese afectación a civiles.
• Evaluar una demanda ante la Corte Internacional de Justicia, aunque reconoce que la salida de Colombia del Pacto de Bogotá dificultaría este camino.
Pese a ello, insistió en que todo indica que Trump no buscaría involucrarse en nuevos conflictos armados.
El experto también analizó el eventual efecto de estas tensiones en Colombia, que entrará en campaña presidencial en 2026. A su juicio, una intervención militar sería políticamente inconveniente para Trump, pues generaría rechazo generalizado hacia cualquier candidato que él apoye en el país.
En cambio, un discurso de mano dura podría influir en sectores del electorado colombiano si llegara a consolidarse un candidato opositor con cercanía a Estados Unidos.
En cuanto al escenario interno estadounidense, Prieto afirmó que Trump podría estar usando el tema colombiano como distractor ante dificultades políticas, pero que su verdadera prioridad sigue siendo el conflicto en Ucrania y la situación en Medio Oriente.
Prieto subrayó que esta crisis debe dejarle una enseñanza al país: reducir su dependencia histórica de Estados Unidos y diversificar relaciones económicas, culturales y académicas. “No podemos depender de una sola potencia”, afirmó.
El llamado, en síntesis, es a mantener la calma, evitar decisiones impulsivas y fortalecer la diplomacia para garantizar que las tensiones no escalen y que las repercusiones —si las hay— se limiten al plano económico, donde Trump ha demostrado tener una postura más activa y contundente.
Paola Martínez Burgos




