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Así que solo tenía dos opciones : o se replegaba, o emprendía ataques sobre territorio venezolano para demostrar que su diplomacia coercitiva estaba por encima de la diplomacia dilatoria del chavismo.
Si se replegaba, podía desgastar su lema de “lograr la paz mediante la fuerza”. Pero si atacaba indiscriminadamente, también.
Rota la ambigüedad deliberada que le había caracterizado ( ‘no se atacará a Venezuela, pero los días de Maduro están contados’ ) la Casa Blanca barajó tres escenarios de combate.
Tres escenarios arropados por un manto legal basado en que las amenazas transnacionales convergentes atentan directamente contra su seguridad nacional.
1- Bombardear los santuarios de grupos armados no estatales que, simbióticamente, funcionaban con la anuencia del régimen ( incluyendo, como pudo verse, la mismísima frontera ).
2- Bombardear instalaciones militares del régimen para forzar la salida de Maduro y capturarlo con o sin negociaciones, con o sin el pago de recompensas ; y
3- Dar de baja al Jefe del Estado y a la cúpula político-militar.
Puesto que este último escenario supondría un elevado número de bajas propias, y podría conducir de nuevo a la paradoja de luchar durante varios años para retornar al punto cero ( como sucedió en Irak y Afganistán ), Washington consideró que lo racional sería concentrarse en los dos primeros.
Pero aún así, podía caer en un verdadero ‘círculo desgastante’ por cuanto los grupos irregulares y las tropas del régimen chavista podrían absorber los ataques sin que la realidad cambiase demasiado ( tal como aconteció con los talibanes en los 90, y el año pasado en Yemen, con los hutíes ).
Dicho de otro modo, si el formidable poder militar norteamericano, secundado tácticamente por Honduras, El Salvador, R. Dominicana, Granada, Guyana, y Trinidad y Tobago no planteaba un objetivo concreto y no conseguía un resultado decisivo ( más allá de hundir botecitos en el Caribe ), habría caído en lo que puede llamarse Síndrome del Hazmerreír, algo muy similar a lo que también se conoce como “rey de burlas”.
Eso supuso que cualquier decisión de fondo que los EEUU tomasen con respecto al régimen chavista tendría que sopesar qué tanto estaba incidiendo la asociación entre Caracas y Moscú, sobre todo, tomando en cuenta expresiones procedentes de la Asamblea rusa manifestando la posibilidad de transferir a Caracas el nuevo misil balístico hipersónico Oreshnik, o los misiles de crucero Kalibr.
De tal modo, Washington tuvo que decidir cuáles eran los verdaderos alcances de su reforzada presencia en el Caribe ya que, de lo contrario, habría caído, justamente, en el mencionado Síndrome.
Síndrome del Hazmerreír que, viéndolo bien, consiste en una mezcla de retórica y de ostentación de máximo poder militar global … tan solo para terminar “cazando moscas con un martillo”.
En esa misma lógica, la captura de Maduro solo puede entenderse como ‘el primer escalón’.
Lo que habría que preguntarse ahora es cuál será el segundo. Y el tercero.
vicentetorrijos.com

