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Hoy, 7 de octubre de 2025, el presidente de la Federación Rusa, Vladimir Vladimirovich Putin, está cumpliendo 73 años. La fecha fue marcada por saludos oficiales de gobiernos aliados como Corea del Norte, Nicaragua y Bielorrusia, quienes destacaron su liderazgo y reafirmaron sus vínculos diplomáticos. Esta efeméride la recordamos en medio de un escenario internacional tenso, marcado por la guerra en Ucrania, sanciones económicas y maniobras militares en Europa del Este.
Putin nació en Leningrado (hoy San Petersburgo) en 1952. Formado en derecho por la Universidad Estatal de Leningrado, inició su carrera en el Comité de Seguridad del Estado (KGB), donde trabajó como agente de inteligencia en Alemania Oriental. Tras la caída de la Unión Soviética, ascendió rápidamente en la administración pública rusa, hasta ser nombrado primer ministro en 1999 y presidente interino ese mismo año. Desde entonces, ha ejercido el poder de forma continua, alternando entre la presidencia y el cargo de primer ministro, consolidando un modelo de gobierno centralizado y de fuerte control entre las instituciones.
A lo largo de su mandato, Putin ha promovido una narrativa de restauración nacional, apelando al orgullo histórico ruso y a la defensa de la soberanía frente a lo que considera presiones externas. En este su cumpleaños número 73, recibió mensajes de respaldo que lo califican como “líder fuerte”, “camarada cercano” y “defensor de la dignidad de los pueblos”, en referencia a su postura frente a Estados Unidos y Europa. Estos saludos dejan en claro una alineación política con gobiernos que comparten una visión crítica del orden internacional liderado por Occidente.
En el frente militar, Rusia mantiene operaciones activas en territorio ucraniano, con énfasis en regiones estratégicas como Donetsk, Lugansk y Zaporiyia. Las ofensivas se han intensificado en las últimas semanas, mientras Kiev recibe apoyo logístico y armamentístico de países miembros de la OTAN. El conflicto, que supera los tres años, ha provocado más de 300.000 víctimas entre muertos y heridos, y ha desplazado a millones de civiles, generando una crisis humanitaria prolongada en Europa del Este.
En paralelo, Moscú ha reforzado su presencia energética en Asia y África, utilizando redes de transporte marítimo opacas —conocidas como “flotas fantasma”— para sortear sanciones impuestas por Estados Unidos y la Unión Europea. Estas maniobras han sido objeto de seguimiento por organismos multilaterales, que advierten sobre el impacto en los precios globales del petróleo y el gas, así como en la seguridad de rutas comerciales clave.
Putin, por su parte, ha intensificado su retórica contra Occidente, acusando a Washington y Bruselas de “provocar una escalada innecesaria” y de “instrumentalizar a Ucrania como peón geopolítico”. En sus intervenciones recientes, ha reiterado que Rusia “no cederá ante presiones externas” y que la “operación militar especial” responde a amenazas reales contra la soberanía nacional. Estas declaraciones consolidan una narrativa de resistencia que encuentra eco en gobiernos que lo saludaron en su cumpleaños con mensajes de respaldo ideológico.
La figura de Putin, a sus 73 años, sigue siendo objeto de análisis por parte de estrategas, diplomáticos y académicos. Su permanencia en el poder, su capacidad de adaptación ante sanciones y su influencia en bloques alternativos como la Organización de Cooperación de Shanghái o los BRICS, lo convierten en un actor clave en la reconfiguración del orden internacional. En un panorama internacional marcado por la fragmentación, la polarización y la competencia por recursos estratégicos, el liderazgo ruso continúa desafiando los equilibrios establecidos tras la Guerra Fría.
Juan Joya




